¿Puede el ego en el ser humano ocasionar la
muerte más escandalosa y a la misma vez catapultar a quien la consiguió al trono
de lo inaccesible, inmarcesible e incorruptible como lo dice la propia Biblia?
Habría que ponerlo en una cámara de hielo cual Disney cualquiera y esperar tal vez 200 años o más para ver si la ciencia lo redime de la tragedia que fue su vida. Pero,
¿Habrá sido en realidad un pederasta o, tal vez una victima del medio en el cual se desenvolvía, llámese capitalismo salvaje, por decir algo…, o, extremismo de izquierda como pudiera ser el otro lado de la moneda si hubiera vivido en Bolivia, Cuba, Nicaragua, etc.?
Sobre Hitler, Mao, etc., se tejen mitos y leyendas, ciertos o no, que quedaran allí como testimonio acusador de los errores y de las víctimas que destruyeron. ¿Pero que error cometió quien ejercía en las masas un efecto catalizador benigno capaz de transformar con su música a millones en la faz de la tierra?
Lo cierto del caso es que Michael nunca conoció la escasez, pero conoció un tipo extraño de abundancia que le hizo perder lo más preciado en el ser humano.