Siempre será materia de discusión si se le puede atribuir a Mano Negra, el
grupo francés que Manu Chao integró durante unos
años a fines de los ochenta y principios de los noventa, la invención del “rock latino” (o al menos, una de sus variantes más extendidas y exitosas). Mas allá de si fueron primeros o no, los músicos del
grupo con Chao a la cabeza, ejercieron una
gran influencia sobre las bandas de rock latinas, en particular las de esta zona del mundo. La visita de Mano Negra al Uruguay en 1992 dejó con la boca abierta a muchos. El frenético estilo del grupo, cargado de adrenalina y eslogans en varios idiomas, creaba una sensación de politizada comunión, caracterizada por el baile y la marihuana. Cuando Chao dejó a sus compañeros para dedicarse a recorrer las venas abiertas de América Latina con sus discos y giras en solitario, abandonó las aristas más salvajes de la música de Mano Negra. Clandestino (1998) era un festín de sampleos y loops, de pequeñas viñetas melódicas, de ritmos contagiosos y sencillos, de canciones poliglotas y melancólicas. El primer álbum de Chao fue un triunfo no solo desde lo autoral sino también (o sobre todo) de edición. El método “recorte y pegue” para armar un repertorio que parecía unido por una extraña y paradójica sensación de caos y anarquía fue uno de los mas grandes aciertos de Clandestino. La impresión duró tanto y fue tan placentera que no importó que Próxima Estación: Esperanza” (2001) fuera casi un calco de Clandestino. Radio Bemba sound system (2002), en tanto, el registro en vivo de una gran gira mundial de Chao y sus músicos, consiguió envasar un poco de la intensa experiencia que los conciertos de Chao generaban, como cuando estuvo por primera vez en Montevideo, en el Velódromo. Luego, el silencio, sólo interrumpido por Sibérie m´etait contée (2004), un proyecto puntual para el mercado francés, y la producción artística de un gran disco: Dimanche á Bamako (2005), del dúo de Mali pero radicado en Paris Amadou & Mariam. Hace un par de días salió a la venta este nuevo trabajo que, una vez más, recorre todos los lugares comunes del estilo de Chao: están las rimas básicas y supuestamente graciosas (“no tengo calefacción / can´t get no satisfacción”), las rumbitas que empiezan con guitarras acústicas, los sonidos de videojuegos y sirenas, las canciones cortas y en varios idiomas que tienen que rimar a como de lugar (“si yo fuera Maradona / saldria en Mondovisión / pa´ gritarle a la Fifa / que ellos son el gran ladrón”) y así sucesivamente. Ni siquiera el hecho de que cuente con nuevos e importantes colaboradores como el productor estadounidense de origen brasileño Mario Caldato Jr. (Beastie Boys, Bebel gilberto, Super Furry animals) y Andrew Scheps (Red Hot Chilli Peppers) consigue sacar a Chao de la comodidad de lo familiar. Naturalmente, aquellos que encuetren placer en la repetición hallarán en La Radiolina varios momentos para disfrutar. Desde “13 dias”, la canción que abre el disco, hasta “Amalucada vida”, la última, Chao lleva de paseo al oyente por todos aquellos lugares que ya hemos visto y oído en viajes anteriores: un recorrido cada vez menos excitante.