Fue un gran
bajista en una de las bandas más populares del trash metal, poseía un verdadero talento y no cabe duda que logró
crear todo un estilo para el género. Musicalmente, su presencia era agresiva, doblando las líneas de la guitarra o agregando un
sonido sincopado. Siempre se mantuvo fuerte, como si llevará en el pulso cada componente de la sección rítmica, era pura intuición. Clifford Lee Burton era el complemento perfecto para él retumbar de Lars Ulrich y las pulverizantes guitarras de James Hetfield y Kirk Hammet. Lástima que su historia terminó en una carretera en Suecia a los 24 años.
Podría creerse que el origen de Cliff Burton provenía de un ambiente agresivo y lleno de situaciones extremas, que lo hicieron contestar con aguerridos acordes del bajo, pero no fue así. Sus padres, Jan y RayBurton, apostaban por el amor y la paz como buenos hippies de San Francisco. Cliff obtuvo ahí su imagen, las ideas que lo hacían moverse y su actitud. Otra cosa que heredó de sus progenitores fue el camino de la música, porque ellos le encaminaron a los seis años hacia un piano y lo inscribieron unos años después en varios cursos de música, mostrándole una serie de géneros que después surgieron inesperadamente en Metallica. Justo antes de esa etapa Cliff adoraba estilos tan diversos como los de la música clásica, el blues, el jazz y hasta el country, que lo convirtieron en un músico tan extraño y creativo para el trash metal.
Su encuentro con el bajo fue después de la muerte de sus hermanos en 1975, decidió tomar lecciones de ese instrumento en honor a su memoria y después lo convirtió en una extensión de su alma. Para 1978 ya dominaba el bajo y parecía borrarle de la memoria cualquier recuerdo del piano, en cuanto lo tomaba se convertía en un personaje agresivo y lejano de su conocida timidez. Así fue como consiguió su lugar en el grupo EZ Street cuando terminó la preparatoria. No tardó en involucrarse con bandas como Agents of Misfortune y Trauma, ésta última lo convirtió en una leyenda en la escena californiana, al grado que todo músico quería ver de cerca esa forma tan compleja para tocar el bajo y hasta tener la oportunidad de compartir el escenario con él... pero Cliff ni se inmutaba.
En esos momentos previos a la fama, el único que disfrutaba los acordes de Cliff Burton era Jim Martin, guitarrista de Faith No More con quien compartía un departamento cerca de San Francisco. Martin lo consideraba una especie de Clint Eastwood y E.F. Hutton que se trasladaba en una Volkswagon verde, conocida por todo mundo como "The Grasshopper". Dentro de la "combi" Cliff tuvo sus máximos acercamientos (mientras leía a Lovecraft) con sus ídolos: Lemmy Kilmister de Mötorhead, Geddy Lee de Rush, Geezer Butler de Black Sabbath y el
bajista de jazz Stanley Clarke. También surgieron algunas veces Bach, Pink Floyd, Misfits, Samhain, Thin Lizzy, R.E.M., Aerosmith, Velvet Underground y Judas Priest.
En 1982, Trauma había hecho circular el demo de la canción 'Such a Shame', que colocó al grupo y a Cliff Burton en el camino del éxito, realizando varias presentaciones como headliners en el famoso Troubador en Los Angeles. A unos de esos conciertos acudieron Lars y James, que pensaron inmediatamente en despedir a Ron McGovey cuando vieron a Cliff brincando en el escenario y volando con el bajo mientras hacía girar su cabeza como si estuviera poseído. Definitivamente, era la actitud y el sonido que buscaban.
Por culpa de Cliff, el naciente Metallica cambió su residencia de Los Angeles a San Francisco, tan sólo para estar más cerca de él mientras traban de convencerlo de unirse al grupo. El bajista cedió en 1983, luego los siguió hasta Nueva York y comenzó con ellos un sonido que no tardaría en convertirse en una leyenda en 'Master of Puppets', 'Orion' y 'Fade to Black, canciones que tuvieron definitivamente el toque de Cliff Burton. El músico otorgó al grupo sus mejores momentos a lo largo de los discos 'Kill'Em All', 'Ride The Lightningof Puppets', haciendo que el ritmo trascendiera en un sonido vigoroso e inolvidable.
Gracias a la contribución de Cliff, Metallica alcanzó en 1986 el status de dioses de la complejidad y el estruendo. Esa fama los llevó a todos lados y pronto los uniría a la gira de Ozzy Osbourne. Antes de eso, el grupo debía cumplir varias fechas en Europa mientras el éxito estaba de su lado. Pero algo salió terriblemente mal. La madrugada del 26 de septiembre su autobús perdió el control en una autopista tapizada de hielo. Lars, James y Kirk sufrieron algunas lesiones, pero Metallica "perdió su alma" cuando Cliff Burton falleció al instante.
La única forma que encontraron los sobrevivientes de Metallica para sacar su furia fue '...And Justice for All', donde dejaron fluir también el corte instrumental 'To Live Is To Die', última canción escrita y compuesta por Cliff Burton. El grupo nunca logró recuperarse, la adición de Jason Newsted tan sólo mostró más el dolor y el gran hueco que les dejó Cliff Burton.