Barthes es un pensador estructuralista dentro de la crítica literaria francesa. En este texto busca indagar cuál es la naturaleza del
discurso amoroso, planteos que pueden sintetizarse en los siguientes puntos:
1) El discurso
amoroso es el discurso de un alguien que habla en sí mismo, amorosamente, frente a otro (el objeto amado), que no habla. Es una suerte de monólogo donde una
persona cuenta sus vicisitudes afectivas respecto del objeto amado.
2) Los métodos apropiados para estudiar el discurso amoroso son el método dramático (que reemplaza a la descripción), y el retrato estructural (que reemplaza al retrato psicológico). No se trata de hacer una descripción o un comentario del discurso amoroso, es decir, no se trata de usar un meta-lenguaje que hable de otro lenguaje, en este caso, el amoroso, sino de mostrar en el discurso mismo el planteo y desarrollo del drama amoroso, la puesta en escena: se ha sustituido, pues, la descripción del discurso amoroso por su simulación, y se le ha restituido a este discurso su persona fundamental que es el yo, de manera de poner en escena una enunciación y no un análisis. Se restituye la persona del yo porque cuando hago una descripción del discurso amoroso me refiero al
sujeto con la tercera persona (-el-).
Dentro de este contexto dramático se busca un cuadro estructural, no psicológico, porque sitúa el sujeto hablante en el contexto del texto amoroso, lo muestra como parte de un todo que está estructurado.
3) A grandes rasgos, tres características encontramos en el discurso amoroso: es solitario, dinámico y desordenado. El discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Tal vez hablado por miles de personas, está completamente abandonado por los lenguajes circundantes y separado del poder (ciencia, etc). Arrastrado a la deriva de lo inactual, alejado fuera de toda gregariedad, queda reducido a una mera afirmación, como por ejemplo la afirmación adorable!. Al no conseguir nombrar la singularidad de su deseo por el ser amado, el sujeto amoroso desemboca en esta palabra un poco tonta: adorable!.
El discurso amoroso se compone de retazos llamados
figuras que le confieren movilidad, dinamismo, coreografía, con lo que podría decirse que el discurso amoroso es una suerte de gimnasia. En efecto, en él aparecen idas y venidas, intrigas, andanzas, corridas interminables. Es un discurso que no existe jamás sino por arrebatos de lenguaje, que le sobrevienen al capricho de circunstancias ínfimas, aleatorias. Poco importa, en el fondo, que la dispersión del texto sea rica aquí y pobre allá; hay tiempos muertos, muchas figuras se interrumpen de pronto, etc. Por ejemplo, si hay una figura angustia es porque el sujeto exclama a veces, sin preocuparse del significado clínico de la palabra estoy angustiado!El discurso amoroso finalmente, es desordenado. A todo lo largo de la vida amorosa las figuras surgen en la cabeza del sujeto amoroso sin ningún orden, puesto que dependen en cada caso de un azar (interior y exterior). En cada uno de esos incidentes (lo que le cae encima), el enamorado extrae de su reserva de figuras, según las necesidades, las exhortaciones o los placeres de su imaginario. Cada figura estalla, vibra sola como un sonido separado de toda melodía o se repite, hasta la saciedad, como el motivo de una música dominante. Ninguna lógica liga las figuras ni determina su contigüidad: las figuras están fuera de todo sintagma, de todo relato. El enamorado habla por paquetes de frases, pero no integra esas frases a un nivel superior, en una obra; no hay un fin ni un desarrollo previo, no hay un sentido como podría haberlo por ejemplo cuando digo estaba loco, estoy curado o el amor es un señuelo del que será necesario desconfiar en adelante, etc. El discurso amoroso no es una filosofía del amor: es una mera afirmación del amor.
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