Muy pocos son los que pueden ufanarse de hablar correctamente.
Nuestro idioma se ve a diario agredido por
el mal uso y el abuso de vocablos inadecuados. Así se ven afectados los verdaderos significados y el
origen de las palabras. Un ejemplo muy actual es el acostumbrado uso de la palabra mascota refiriéndose a perros, gatos, cobayos y cualquier otro animal que suela compartir nuestra vida familiar.
La palabra perro es la mejor para nombrar al canis familiaris que integra nuestro hogar y
familia. ¿Por qué la mayoría, desde hace algunos años, lo llama mascota? El perro como tal tiene su origen en el lobo, y muchos dicen que
el nombre perro viene como resultado del sonido prrr con que los pastores llamaban a los cánidos que los ayudaban en el trabajo.
Pero, ¿por qué mascota? Generalmente, se la usa como
traducción de la palabra inglesa pet. Veamos su significado: pet es favorito, amorcito, mimado. En cambio mascota proviene del francés mascotte que es amuleto, el cual viene del occitano significando embrujo, hechizo. A su vez,
esta palabra deriva de otra de origen celta, que es masca y significa bruja. Pésima traducción de la dulce palabra pet.
Desarraigar costumbres idiomáticas no es sencillo. Hay malos hábitos que se enquistan peligrosamente en nuestra sociedad y cuesta erradicarlos. Pero tengámonos paciencia y tratemos de autocorregirnos. Enseñemos a los niños, eduquemos todo lo que podamos.
El uso correcto del idioma dignifica nuestras raíces y nuestra
identidad y en este caso les da el lugar que merecen a esos amorcitos mimados que tenemos en casa.