De despojos y expulsiones
Julia Valenzuela López
Hablar de la identidad sonorense, no el imitarnos al pantalón, camisa, sombrero y botas vaqueras; tampoco es sólo consumo de carne asada y cerveza; o peor aún, no somos una simple puerta a Estados Unidos.
Sonora, como el resto de México, tiene mucha historia y ha protagonizado importantes acontecimientos aun desde antes de la llegada de los españoles.
Para entender mejor nuestra identidad cultural es necesario, primero, conocer y comprender nuestra identidad política. Es decir, ubicar aquellos momentos de crisis y cambios sociales de trascendencia y con repercusiones a nivel incluso internacional. Sólo así podríamos entender la actitud del sonorense, sus costumbres, sus pautas de comportamiento y hasta su trato hacia los demás.
Libros, ensayos, revistas, filmes, documentales, investigaciones, enciclopedias… mucho se ha escrito de la vida de Sonora. Sin embargo, es propicio reconocer una de las más recientes publicaciones en torno a la identidad política sonorense en el marco de la historia.
“Seis expulsiones y un adiós” (México, 2003), más que un libro es una puerta al conocimiento que permite ubicar momentos históricos de Sonora, mediante un lenguaje claro y directo, en ensayos escritos por siete reconocidos investigadores: Julio César Montante Marti, Delia González de Reufels, Evelyn Hu-deHart, Dora Elvia Enríquez Licón, Gerardo Réñique, Jean Meyer y Aarón Grajeda Bustamante.
Compilar trabajos de investigadores como los que intervienen en la elaboración de esta obra, tiene un doble mérito: Permiten conocer más de nuestra historia y compilan un trabajo de investigadores con formación en instituciones como la Universidad de Sonora y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y algunos con formación en las Universidades de Colonia en Alemania, lo cual habla muy bien de la calidad de nuestros investigadores a la altura de quienes se forman en otros organismos internacionales.
Bajo la coordinación de Grajeda Bustamante, y con apoyo de la Unison, así como Plaza y Valdés Editores, se conjunta una historia crítica con base en rigurosos métodos de investigación y el empleo de fuentes archivísticas inéditas del noroeste de México, que dan cuenta de los despojos y las exclusiones de jesuitas, españoles, filibusteros, sacerdotes, yaquis y chinos, en un lapso comprendido de 1767 a 1938.
Más que una narración de acontecimientos de casi dos siglos en 301 páginas, lo que pretende esta obra es apropiarse de una identidad política propia del sonorense en relación al “otro” como sujeto amenazante y distinto.
De manera paralela, comprender nuestra historia nos ayuda a entender nuestra identidad cultural, siendo la cultura parte inherente a los acontecimientos.
Uno de los aspectos más complejos y relevantes de seis expulsiones es el cuestionamiento que indaga y da cuenta, del “otro” frente a las sociedad mexicana actual, en su lucha por ser distinta a costa de las minorías, sólo por ser o pensar de manera distinta.
La lectura de “Seis expulsiones y un adiós” es un reto al concepto de identidad sonorense, pues infiere y determina la participación del Estado como formador de esta forma de ser sonorense, no sólo porque así lo dice el pueblo, nuestros antecesores y los avances tecnológicos a los cuales debemos adaptarnos, sino por la línea que un gobierno puede marcar al momento de tomar decisiones como las que aquí se mencionan.
Por acciones deliberadas del Estado y sus agencias, jesuitas, españoles, filibusteros, yaquis, sacerdotes y chinos fueron materia de exclusión y escarmiento, convirtiéndose el Gobierno en un perseguidor e instrumento de agresión y violencia, porque dichos grupos eran “diferentes” a lo que el poder entonces vigente imaginaba como sociedad ideal.
Es interesante descubrir cómo el mismo Estado va influyendo en la formación de la conciencia social y no sólo responde a las necesidades de un pueblo, de lo cual se infiere una adaptación de la sociedad y la consiguiente acceptación de una nueva cultura, a veces enajenada, a veces impuesta.