Curioso tratado medieval de higiene y técnica sexual aparecido en un códice de finales del siglo catorce o principios
del quince en lengua catalana y que parece ser traducción de un original hebreo o árabe (el rigor cristiano provocó que en occidente los escritos de índole sexual sean mínimos).
El autor dirige el texto a médicos y a todo el que le interese y, de una forma somera y que hoy nos parece muy poco rigurosa, va detallando los peligros del sexo (el joder, según la poco eufemística terminología que se utiliza), cómo prevenirse de ellos, alimentos y pócimas que realzan el apetito sexual e incluso posturas y consejos para el lecho. Curiosamente, en el índice de la obra, el autor habla casi exclusivamente en tono médico y científico y elude anunciar los consejos sobre el comportamiento sexual que ocupan la última parte de la obra, como si considerara (él o algún transcriptor) más conveniente camuflarlos.
Entre otras cosas, llama la atención la relación directa que se establece en la obra entre poseer una abundante esperma y el apetito y la potencia sexual. Una de sus pócimas que “da fuerza y endereza la verga mucho y fuertemente” se compone de dos litros de leche fresca de vaca y onza y media de canela bien molida y ha de beberse en ayunas y “como agua durante el día”. Otro de los consejos que dice contribuir a aumentar especialmente el placer de la mujer consiste en untar la verga con miel y jengibre bien molido. Para hacer crecer la verga, el autor aconseja coger sanguijuelas y ponerlas en un pote al fuego hasta que se sequen, molerlas y mezclarlas con aceite de azufaifo y frotarse el miembro con ello: “verás cómo crecerá mucho”, apostilla.
En capítulos de menor contenido médico y más puramente sexológicos, dice, casi a modo de fórmula matemática, que la mujer bella debe tener cuatro cosas muy negras (pelo, cejas, pestañas, ojos), cuatro muy coloradas (mejillas, lengua, encías, labios), cuatro muy blancas (rostro, dientes, blanco de los ojos y piernas), cuatro muy estrechas (orificios nasales y auditivos, boca, pecho y pies); cuatro muy delgadas (cejas, nariz, labios y costillas), cuatro muy grandes (frente, ojos, pechos y nalgas), cuatro muy redondas (cabeza, cuello, brazos, piernas) y cuatro muy perfumadas (boca, nariz, axilas “y el coño”).
Los consejos para combatir la inapetencia femenina no tienen desperdicio: cógela, extiéndela y ponle las rodillas a la altura de la ingle; con una mano tómale las suyas, mientras que con la otra apriétale el coño, retuércela y pellízcala hasta que grite, se rebele o se queje. Así le encenderás el deseo de joder, pues de este modo se calienta y le viene el deseo de yacer con el hombre”.
Para el autor la mayor o menor rapidez con que al hombre le llega el orgasmo o, como él lo llama, el deseo, está directamente relacionada con el tamaño del miembro: “Los que acaban pronto son los que tienen la verga pequeña y flaca, y los que acaban tarde la tienen grande y rígida”.
La obra vuelve a las recetas para su finalización y habla de un ungüento para mantener la erección compuesto por una libra de zanahorias, tres onzas de aceite de mostaza y aceite de hormigas.