El libro lo componen la serie de doce conferencias que dio el profesor Austin en Oxford y que constituyen el núcleo de su
teoría y las ideas que tanta fama le han dado en el mundo de la filosofía y la lingüística.
La primera conferencia advierte que no todas las proposiciones son descriptivas, y afirmar lo contrario es la falacia "descriptiva". Existe también lo que él llama,
realizativos (es decir, oraciones realizativas), que indican que emitir la expresión es realizar algo. Luego incide en que las circunstancias deben ser las apropiadas, y en el carácter de nulidad que se puede desprender de los actos.
En la segunda expone la "teoría de los infortunios", es decir, la manera de usar las palabras y los resultados que obtienen, ya que no siempre son los acertados. De esa manera “infortunada” de utilizar las palabras provienen los desaciertos y abusos, tales como malas apelaciones, malas ejecuciones, actos insinceros, malas aplicaciones, actos viciados e inconclusos. Este tipo de resultados se pueden combinar y superponer.
En la tercera se ocupa de casos de infortunios, como aquellos en que no había procedimiento; o en los que el procedimiento era defectuoso; o donde se habían dado circunstancias inapropiadas u otros problemas.
En la cuarta trata de las relaciones entre una expresión realizativa y los enunciados de tipo diverso que son verdaderos o falsos. Para que una expresión sea afortunada tiene que cumplir ciertas condiciones, además de tener en cuenta la implicación y la presuposición. De todo ello concluye que la expresión constatativa es verdadera o falsa, mientras que la realizativa es afortunada o desafortunada.
En la quinta se ocupa de la distinción de los realizativos. No resulta fácil aventurar una diferencia que discrimine entre ellos y los constatativos. Si acaso en que son afortunados o desafortunados. Señala que encontró tremendas dificultades para hallar algún criterio de distinción.
En la sexta conferencia aborda los realizativos explícitos en contraste con los realizativos primarios, de los cuales proceden los primeros. Los primarios serían del ejemplo de : "estaré allí ", mientras que el
Realizativo explícito debe cumplir ciertas normas: "le prometo que estaré allí". Propone unos tests para examinar si algo es un realizativo explícito o no.
En la séptima, desarrolla algunos tests para los realizativos, como : a. ¿Tiene sentido preguntar ¿ fue realmente así ? b. ¿Podría estar realizando la acción sin emitir el realizativo? c. ¿Podría estar haciéndolo deliberadamente? Los distingue así de las frases rituales o convencionales y de los casos en que se unen acción y palabra, los que llama expositivos: “Sostengo que en Marte hay vida”. Señala también los comportativos: "Lamento tener que decir..."; y los judicativos: "Resuelvo que" (dicho por un juez). Examina los fenómenos que acompañan al hecho de emitir una una expresión y hace la siguiente distinción:
Phone: es siempre realizar el acto de emitir ciertos sonidos.
Phatic: (fático) es siempre realizar el acto de emitir ciertos vocablos o palabras, ruidos de ciertos tipos, pertenecientes a cierto vocabulario, que se adecuan a cierta gramática, que se emiten con cierta entonación.
Pheme: la expresión que se emite en el phatic.
Rhetic: (rético) realizar el acto de usar tal pheme o sus partes constituyentes en un sentido más o menos definido y una "referencia" más o menos definda (sentido y referencia producen el significado).
En la conferencia octava trata de aquilatar más las definiciones anteriormente reseñadas e introduce las distinciones entre acto locucionario: acto que equivale a expresar cierta oración con un cierto sentido y referencia; acto ilocucionario: informar, ordenar, etc, que tienen cierta fuerza convencional; y acto perlocucionario: los que producimos o logramos porque decimos algo.
En la novena sigue en esta línea, y distingue tres sentidos en los cuales aun en los actos ilocucionarios pueden presentarse efectos.. A saber: asegurar la aprensión de ellos, tener efecto y reclamar respuestas. En los perlocucionarios traza una distinción entre alcanzar un objeto y producir una secuela. Los ilocucionarios son convencionales, los perlocucionarios no, ambos pueden ser logrados de manera no vocal. Señala otro campo de problemas en la formulación: "cómo estamos usando el lenguaje " y " qué estamos haciendo al decir algo ".
En la décima examina varios usos de las preposiciones: “en”, “por. Y luego se fija en los elementos perlocucionarios: “al” y “porque”.
En la undécima conferencia se pregunta por el fundamento de las distinciones primeras, y si no habrá solapamientos entre los diversos actos o, incluso, entre los constatativos y los realizativos. Ve que no hay conflicto entre ellos. Señala que lo que hay que estudiar no es la oración, sino el acto de emitir (el enunciado). Indica la importancia de los fines y propósitos de la emisión, sin llegar a que el valor del acto resida en sus resultados, sino que hay que contar qué tipo de acto estamos realizando.
En la última, recapitula sobre lo logrado hasta el momento e indica varios principios de lo que debe ser un realizativo, así como otros más generales, como que verdad y falsedad no son nombres de relaciones, sino apuntan a apreciaciones; que lo normativo y valorativo tiene que ser eliminado como dicotomía. Intenta listar los verbos realizativos, o mejor, las fuerzas ilocucionarias, que se dan en algunos de ellos. Indica cinco clases generales de verbos: judicativos, ejercitativos (votar, ordenar, instar), compromisorios (que comprometen), comportativos (elogiar, felicitar) y expositivos (argüir, conceder). Luego define cada uno de ellos y los compara entre sí.