El sentido de este libro es, así, mostrar los distintos obstáculos epistemológicos que impiden el progreso científico, y
además proponer una solución para superarlos mediante un psicoanálisis del
conocimiento objetivo: los obstáculos epistemológicos se superan con ayuda del psicoanálisis porque constituyen adhesiones afectivas inconcientes que operan como impedimento para el avance de la ciencia. Así planteadas las cosas, la historia de la ciencia resulta ser una historia de la superación de obstáculos epistemológicos. Bachelard empieza distinguiendo tres etapas en la historia del pensamiento científico: precientífico, científico y nuevo espíritu científico. A nivel individual, el espíritu científico pasa asimismo por estos tres estados: concreto, concreto-abstracto y abstracto. A cada actitud de las indicadas, corresponde una base afectiva o estado del alma: alma pueril, alma profesoral, y alma en trance de abstraer y quintaesenciar.
Los obstáculos epistemológicos son confusiones o entorpecimientos que se dan en el acto mismo de conocer y que actúan como causa de inercia impidiendo el desarrollo del conocimiento. Se presentan siempre de a pares, por eso puede hablarse de una ley psicológica de la bipolaridad de los errores. Así, por ejemplo, de una generalización excesiva pasamos a una particularización extrema en un afán por superar el primer error y ver el hecho desde otro punto de vista. También cuando pasamos de la
experiencia básica a la pura especulación, del animismo al mecanismo, etc.
Bachelard plantea los siguientes obstáculos epistemológicos: la experiencia básica, el conocimiento general, el obstáculo verbal, el conocimiento unitario y pragmático, el sustancialismo, el realismo y el animismo.El progreso científico es posible porque el espíritu científico triunfó sobre los obstáculos epistemológicos, rectificando sus errores. Bachelard piensa que psicológicamente no hay verdad, sino error rectificado, y entonces una psicología de la actitud objetiva es una historia de nuestros errores personales. La marcha científica hacia el objeto, no es inicialmente objetiva, por lo que hay que aceptar una verdadera ruptura entre el conocimiento sensible y el conocimiento científico. Sin embargo, el conocimiento objetivo no está nunca terminado: nuevos objetos aportan nuevos temas de análisis y obligan a ir de lo sensible a lo objetivo y viceversa, en un flujo y reflujo incesante. De hecho la historia del conocimiento científico es una alternativa que se renueva sin cesar entre el empirismo y el racionalismo (la experiencia y la razón).