Cassirer plantea en este libro que la posibilidad del hombre de comprender la realidad no se reduce a la razón, sino a la mente en su conjunto lo que incluye impulsos, imaginación, sentimiento y volición. Toda forma simbólica, tanto en la razón como en la intuición, puede generar una síntesis de
mundo y mente, una comprensión de la realidad. Por tanto la filosofía es mucho más que teoría del
conocimiento, debiendo incluir también una teoría de lo prelógico, siendo su culminación la razón y el conocimiento fáctico. Cassirer da ejemplos de estas instancias prelógicas: el
lenguaje y los
mitos, aún cuando luego el lenguaje evolucionó hacia la lógica y la razón.
El
concepto en el terreno mítico no se estructura de la misma forma que en la lógica o en la ciencia. La teoría lógica tradicional nos enseña a formar el concepto fijando nuestra atención en las cualidades estables de las cosas, comparándolas unas con otras y sacando lo que tienen en común. En el pensamiento mítico, prelógico, no hay propiedades objetivas y estables desde donde se defina el concepto, sino que es la forma que el espíritu imprime al concepto quien determinará las propiedades.
Estudia luego Cassirer la misión decisiva que tienen el lenguaje y el mito en la construcción mental del mundo de los
objetos. En lo mítico, nuestra comprensión del mundo no surge según la lógica. El pensar mítico parte del todo, de un todo impuesto por el espíritu humano que luego va descomponiéndose en partes según pautas subjetivas.
En ciencias del espíritu estudiamos lo concerniente en hombre, por ejemplo sus mitos, sus objetos míticos. La unidad del pensar mítico no se puede edificar a
partir del mundo externo, de los objetos (por ejemplo hay un universo y desde allí surgen todos los mitos para procurar describirlo o explicarlo), sino debe unificarse todo el pensar mítico a partir de la interioridad del hombre, a partir de la función que tiene en su origen.
El concepto de ‘forma simbólica’ ayuda a entender lo anterior. La forma simbólica es una expresión simbólica, la expresión de un algo ‘espirtual’ por medio de signos e imágenes sensibles, por ejemplo el lenguaje, los mitos, el arte, etc.
Cassirer plantea que su filosofía de las formas simbólicas es una concepción del conocimiento, según la cual el conocimiento no es sólo lo científico sino más generalmente, toda actividad espiritual por la cual nos creamos un ‘mundo’ con una configuración característica. Como el yo y el mundo no son rígidos ni únicos, se van a dar varias posibilidades de conocimiento, la relación entre el yo y el mundo es susceptible de una configuración múltiple. Las formas simbólicas entonces no son expresión fiel, copia del mundo, sino modos del espíritu de objetivar al mundo.
Más resúmenes sobre Esencia y efecto del concepto de símbolo. México: FCE, 1975