El autor aclara que el propósito principal de este libro es estudiar una extensión de las leyes de la naturaleza que permita
incorporar a las mismas las probabilidades y la irreversibilidad. El determinismo clásico supone una linealidad en la que los fenómenos se repiten y que nos exime de considerar el papel que desempeña el tiempo, descartando de este modo la idea de
proceso. En cambio, los enfoques humanísticos resultan imposibles si eliminan la idea de la cultura como proceso. Esto exige entender que la cultura es la reunión de las actividades creadoras del hombre, que a su vez son vías de acceso al
conocimiento. Aristóteles declara que el hombre tiende por naturaleza a conocer. Esto es como decir que la esencia humana, pasa por la búsqueda del conocimiento o, si se prefiere, por la persecución de la verdad. Verdad que, en el plano humano es siempre transitoria, pues la verdad absoluta, significaría la sacralización de la razón, cayendo así en un nuevo fundamentalismo.
Prigogine cita al respecto a Kart Popper, cuando declara que para el sentido común todo acontecimiento es causado por otro, de modo que cualquiera podría predecirse. Esto conduciría a lo que William James llamó el Dilema del Determinismo. En este dilema se juega nuestra relación con el mundo y con el tiempo. Aquí volvemos a nuestra idea de la realidad como proceso. Aceptado el concepto de proceso, es preciso admitir su estructura dinámica y, consecuentemente, la noción de tiempo, sin el cual todo proceso sería imposible. Dice Prigogine que "la existencia se sitúa en la encrucijada del tiempo y el conocimiento. El tiempo es la dimensión fundamental de nuestra existencia, pero también se inserta en el centro de la física, ya que la incorporación del tiempo en la física galileana, fue el punto de la partida de la ciencia occidental". Si la física acepta un mundo en el que existe una simetría temporal, es decir, un mundo en el que las leyes de la mecánica newtoniana, las leyes de la relatividad y las leyes de la física cuántica no permiten ninguna distinción entre pasado y futuro, esto explica que muchos científicos, sostengan que en la descripción de la naturaleza no es necesaria una ‘flecha del tiempo’.
Prigogine sostiene que todas las ciencias, confirman nuestra experiencia de la temporalidad. Vivimos en un universo en evolución, lo que le permite aseverar: "El resultado de nuestra investigación es la identificación de sistemas que imponen una ruptura de la equivalencia entre la descripción individual y la descripción estadística de conjuntos". Las leyes físicas corresponden "a una nueva forma de inteligibilidad expresada en las representaciones probabilistas irreductibles". En un universo en evolución, ningún proceso puede ser reversible. La flecha del tiempo, mientras no se demuestre lo contrario, marca un continuo pasaje entre el antes y el después. Los filósofos, los teólogos y los poetas, siempre buscaron la certidumbre. Al final de su libro, Prigogine recuerda que Einstein vivió en una época trágica de la historia (fascismo, guerras mundiales, holocausto), y todo ello reforzó en el siglo XX, una aberrante identificación entre el conocimiento objetivo y el ámbito de la incertidumbre. Tal vez, por eso Einstein, "autor de la más bella teoría física", dudó de la realidad del tiempo y, paralelamente, como menciona Prigogine, Jorge Luis Borges, escribió "Una nueva Refutación del Tiempo". Tal vez, repitamos, en nuestra situación sociohistórica, el fin de la certidumbre, sea la única certidumbre posible.