Transcribo completa (con todo y epígrafe incluido) la IX tesis sobre el concepto de historia del escritor alemán Walter
Benjamin
1:
Mi ala está pronta al vuelo.
retornar, lo haría con gusto,
pues, aun fuera yo tiempo vivo,
mi suerte sería escasa. Gerhard Scholem, Saludo del Angelus
Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Esta tesis sobre la historia es una de las más conocidas y acaso veneradas de Walter Benjamin. Se trata de una alegoría con claros elementos místicos: el ángel, que sólo mira hacia el pasado; los acontecimientos humanos son una sola catástrofe para él; y un huracán, que nosotros conocemos como progreso (y que además proviene del Paraíso, lo que lo vuelve sumamente misterioso), el cual lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro. Pareciera no tener mayor problema la interpretación de semejante alegoría: la historia sólo se puede mirar hacia el pasado, el progreso indefectiblemente nos lleva hacia el futuro, y como se sabe, con el progreso se han desatado matanzas masivas y las guerras más cruentas y mecanizadas de la humanidad. Sin embargo, como menciono antes, el casi insignificante hecho de que para Benjamin el progreso provenga del Paraíso, la vuelve de una ambigüedad enloquecedora: si el progreso proviene del Paraíso, ¿es porque lo mandó Dios? ¿Es uno de los castigos por el pecado original? ¿Es el propio pecado original? ¿O es la manifestación de la tentación demoníaca en los instintos humanos? Ninguna de estas preguntas puede tener respuesta, sobre todo tomando en cuenta que la visión en este caso está totalmente embebida de la mística judía. También debemos recordar que el progreso siempre se usa primero en la milicia y sólo más tarde como ayuda humanitaria, lo cual ha hecho que diversas corrientes de pensamiento lo consideren con un mal inevitable que, no obstante, merced a la razón, puede ser mejor encausado. Sin embargo la ambigüedad de la tesis benjaminiana permanecerá, y quizá gracias a ello es que este texto goza de una vigencia asombrosa a casi setenta años de haber sido concebida.
1 La traducción es de Bolívar Echeverría.