La onomaturgia es la actividad de nombrar. En cuanto a su etimología
podemos decir que está compuesta por òνομα (nombre) y έργον (obra). Platón trata sobre este tema en el Cratilo. Esta es una obra de transición dentro del corpus general de la filosofía Platónica. En ella se analiza la problemática relación que existe entre la onomaturgia y la verdad. En el texto, el análisis del lenguaje está centrado en el grado de exactitud de la re-presentación. El objetivo último del diálogo está más relacionado a lo epistémico que a lo puramente lingüístico. Platón se pregunta: ¿el λόγος es un medio fiable para conocer al òν? ¿Conociendo los nombres, podemos llegar a conocer al universo que ellos re-presentan?
En la primera parte del Cratilo se sientan las bases para la discusión acerca de la exactitud de los nombres. Platón distingue entre objetos e imágenes. Toda imagen es imperfecta en comparación al objeto original, ya que, la imagen es un compuesto donde se mezclan distintas ideas; en cambio, el objeto no posee mezcla alguna, se conserva en su estado puro y es una unidad en sí mismo.
En un paralelismo entre la acción de tejer y la de nombrar, Sócrates explica que, tanto para tejer como para nombrar se necesita de un instrumento; en el caso del tejer, de la lanzadera, y en el caso del nombrar, del nombre (òνομα). El nombre es una imitación del objeto, que está compuesto de γραφή y φωνή. En el diálogo se sostiene que, nombrar a un objeto es imitarlo por medio de la voz. Ahora bien, en tiempos de Platón dos teorías de la imitación se disputaban el cetro; por un lado, la teoría sensualista, que sostiene que: el nombre imita al objeto en cuanto a su parte sensible, por otro lado, la teoría idealista, que sostiene que: el nombre imita al objeto en cuanto a lo inteligible del mismo. En el diálogo se analiza la teoría idealista de la imitación, que como dijimos anteriormente, sostiene que al nombrar un objeto estamos dando una descripción exacta (òρθότης), adecuada, acerca de su esencia (ουσία).
Veamos, en el diálogo se sostiene que: el nombre de un objeto es una imagen del objeto nombrado. Una imagen es, y no-es, el objeto al cual representa. Nunca la imagen de un objeto puede ser fiel representante del objeto en su totalidad, y si así lo fuera, y sucediera que el nombre resultara idéntico al objeto; entonces no podría existir una relación de diferencia entre ambas naturalezas, como de hecho, existe.
Las imágenes pueden ser bien logradas o mal logradas. En el caso del lenguaje, los nombres bien logrados son aquellos que son adecuados a sus objetos, y por lo tanto, son exactos, es decir, son portadores de verdad. Los mal logrados, en cambio, serán aquellos signos que no se correspondan de forma adecuada con los objetos nombrados. Aquí se abre la puerta a la posibilidad de hablar falsamente, que no es otra cosa que, asignar a un objeto un nombre que no le sea el adecuado, o, a lo sumo, que aparezca un nombre, para el cual no exista referente.
Platón presenta a la òρθότης (exactitud, rectitud) como la adecuación del nombre a la cosa nombrada. Entendiendo adecuación como una relación de correspondencia entre lo lingüístico y lo ontológico. La exactitud de un nombre consiste en su capacidad de hacer ver la naturaleza de una cosa. El estudio de la òρθότης está centrado exclusivamente en los nombres denotativos. Se distinguen dos tipos de nombres propios, los sustantivos, que representan sustancias, y los verbos, que representan acciones. A lo largo de todo el texto se sostiene que los nombres tienen una génesis radical propia que los mantiene conectados con los objetos a pesar de las mutaciones propias provocadas por del paso del tiempo, y esto es posible gracias a la existencia de nombres primarios que están en correspondencia directa con los objetos. Ahora bien, estos nombres primarios han sido construidos por un νομοθέτης,que ha tenido el pleno conocimiento de los objetos, y así; ha obrado queriendo imitar la naturaleza de los objetos por medio de los nombres. De estos nombres construidos por el νομοθέτης resultan los demás; estos son la base firme de la exactitud de los demás nombres. El nombre propio cumple la función de denotar objetos del mundo, es decir, en el espacio lingüístico, el nombre propio ocupa el lugar de las cosas (τά χρήματα) del mundo. Por lo que, el nombre propio es una re-presentación del mundo. Desde este punto de vista, el análisis sobre la exactitud de los nombres no es en modo alguno un análisis sobre el lenguaje, no es un estudio lingüístico, es un estudio epistemológico.
Platón analiza la exactitud de los nombres en el marco de las dos teorías clásicas del lenguaje; la teoría convencionalista defendida por Hermógenes, y la teoría naturalista defendida por Cratilo.