Observando el camino recorrido por el pensamiento humano desde que el hombre se liberó de la forma mítica de concebir el
mundo hasta la actualidad, se percibe que hay dos vías posibles para que expliquemos la realidad que nos rodea. Una, según la cual, hay un elemento universal y estático que determina todo lo que existe. La otra, contrariamente, nos muestra una realidad en constante transformación. De acuerdo con el primer concepto, la obra literaria es vista como expresión de esa unidad universal y absoluta, lo que implica que haya en todas las obras, de cualquier tiempo o cultura, algo que podrá ser reconocido por todos los seres humanos, también de cualquier tiempo o cultura. El segundo concepto, no obstante, defiende una visión en la que la obra aparece como única en cada época o sociedad en que fue concebida, no teniendo una esencia universal. Kant y Hegel, dos filósofos alemanes del siglo XVIII, divergían a este respecto. El primero creía en la existencia de una verdad universal e inalcanzable para el hombre. El segundo, por otro lado, defendía la idea de que todas las verdades son humanas y básicamente subjetivas. En cuanto filósofos anteriores intentaban determinar criterios para lo que el hombre puede saber sobre el mundo, estableciendo premisas atemporales para el conocimiento humano sobre la realidad, Hegel afirmaba que no era posible concebir esa atemporalidad, pues las bases del conocimiento cambian de generación en generación, tornándose imposible, por lo tanto, la existencia de verdades eternas. Según la concepción filosófica hegeliana, la razón no puede ser desvinculada del tiempo. Así, Hegel desarrolló una forma histórica de pensar, según la cual, una
filosofía o pensamiento no pueden ser separados de su contexto social e histórico. Fuera del proceso histórico no existen criterios que puedan decidir sobre que es más o menos verdadero y racional, pues la razón es un proceso dinámico. De esta forma, se puede afirmar que la filosofía hegeliana no se inclina hacia el entendimiento de la naturaleza más profunda de la existencia, y si, hacia un pensamiento productivo, a través de un método que busca la comprensión del curso de la historia. La razón humana es progresiva, o sea, camina conforme al progreso de la humanidad, agregando siempre algo nuevo a lo que ya existe. Un pensamiento, generalmente, se formula a partir de otros anteriores, para ser contradicho por otros en el futuro. Así, surgen dos formas opuestas de pensar creando una tensión, que será quebrada con la aparición de un tercer pensamiento formulado, sintetizando los puntos positivos de los dos anteriores, dando forma a la dialéctica hegeliana. Se la realidad está impregnada de opuestos y contradicciones, la descripción de esa realidad debe revelar, obligatoriamente, esos opuestos y contradicciones.