La moral se encarga de decir como debe y como no debe actuar el hombre
para que sus actos sean aceptados dentro de los márgenes de las normas establecidas por la autoridad de una comunidad. El ‘hombre moral’ es, ante todo, aquel que en sus actos reluce el poder de la autoridad. En el capítulo quinto de Más allá del bien y del mal, leemos: "en la ‘ciencia de la moral’ ha faltado hasta el presente el problema de la moral misma, la sospecha de que pudiese haber en ella algo problemático. Lo que los filósofos llamaban ‘el fundamento de la moral’ y lo que exigían de ellos mismos no aparecía, bajo una luz verdadera, sino como una forma sabia de la buena fe en la moral dominante" (Más allá del bien y del mal, Aguilar, Obras completas, Madrid, 1932 V, p. 98). Aquí, Nietzsche nos está diciendo que, en el discurso filosófico no se ha analizado la moral misma como objeto de estudio, y erróneamente, los moralistas se han dedicado a la búsqueda del ‘fundamento de la moral’; pero, según el autor de Aurora, no existe algo así como un ‘fundamento de la moral’, salvo en las profundidades metafísicas donde tiene su morada el ‘perro de fuego’. De ahí que, los filósofos de la moral, se han dedicado a estudiar palabras, y sólo palabras; y es por eso que, "para conseguir el conocimiento, hay que tropezar constantemente con palabras que se han hecho eternas y duras como la piedra, tanto, que es más fácil romperse una pierna que romper una palabra" (Aurora, Aguilar, Obras completas, Madrid, 1932, T. IV, #47, p.40). Y, según nuestro autor, el motivo de que esto halla ocurrido, ha sido debido a que, los filósofos que le han precedido, hubieron de padecer el desconocimiento de que la verdadera filosofía "es <...> la ansiosa investigación de cuanto hay de extraño y problemático en la vida, de cuanto refuta y ataca la moral" (Ecce Homo, Edicomunicaciones, S.A., Barcelona, 1999, IV, p., 145).
Nietzsche observa que para quienes le han precedido en el estudio de la moral, la moral debía conocerse en sus frutos; y él nos dice: "toda moral: <Es un fruto por el cual conozco yo el terreno en que crece>" (La voluntad de dominio, Aguilar, Aguilar, Obras completas, 1932, tomo VIII, p. # 257, p. 155). Y aquí, Nietzsche nos está diciendo que; no hay nada de ‘bueno’ en un sentido teleológico, que pueda reparar en un privilegio como premio por actuar acorde a la norma establecida por la autoridad de la comunidad, a la norma de conducta, a la costumbre, a la moral.
Para Nietszche, la moral es "una especie de tiranía contra la naturaleza y también contra la razón" ( Más allá del bien y del mal, Aguilar, Obras completas, Madrid, 1932 V, p. 99); ya que, la moral va en sentido contrario a las leyes propias de la naturaleza, y anula, omnipotentemente, la primera entre las más altas facultades que honran al hombre, la condición de ser libre. No resulta difícil ver que, el conjunto de máximas de todas las concepciones morales en todos los tiempos, no está inscripto en la naturaleza; sino que, sólo son invención humana. Faget, en el capítulo siete de su libro, Leyendo a Nietzsche, escribe: "Parece que si la moral no está en la naturaleza, y es contra la naturaleza, es sencillamente porque es falsa. La moral, considerada en lo que es en su fondo, una ley particular del hombre, a la que no obedece el universo y que es contraria a las obedecidas por el universo, no es sino una locura, una ilusión y no es verdad" ( Faget, E., Leyendo a Nietzsche, La España Moderna, Madrid, III, 74).
Según Nietzsche, la moral es una ley contraria a la condición de ser libre, atenta contra la razón. La moral pretende evitar por medio de los métodos más crueles que el hombre tome contacto con las múltiples decisiones que le son propias. La moral priva al hombre de la acción voluntaria acompañada de su sana razón, he impone su imperativo: la acción moral. Este es el centro de atención de toda moral, jugar a controlar la libertad del hombre, ya que, según Nietzsche: "El hombre libre es inmoral, porque en todas las cosas quiere depender de sí mismo y no de un uso establecido; en todos los estados primitivos de la humanidad, "mal" es equivalente de "intelectual", de "libre", de "arbitrario", de "desacostumbrado"; de "improvisto", o de "incalculable" (Faget, E., Leyendo a Nietzsche, La España Moderna, Madrid, III, 74.)
No existe moral donde no hay costumbres, y el respeto por las costumbres es la base de toda moral. Respeto, no ocasionado por el gusto, sino impuesto por el poder de la autoridad; es decir, respeto en el sentido de acatamiento, donde lo que está detrás es el miedo al castigo. La costumbre se practica, no se cuestiona su utilidad; sólo se la pone en práctica por el ejercicio de la moral. Todo aquel que elija para sí sus propias costumbres, será un inmoral, un ser malo para el orden de la comunidad; y recibirá, por lo tanto, su merecido castigo.
De lo anterior se desprende que: "todas las fuerzas e instintos por los cuales se conserva y se desarrolla la vida están proscritos por la moral." ( La voluntad de dominio,( t. VIII, p. # 352, p. 205).