Mucha gente cree que la fuerza de las personas proviene de su cuerpo formado, otros la entienden
por la posición laboral, sus riquezas, su mente...
Pero, ¿y cuando quieres medir cuán fuerte es la gente?
En mi
opinión, es su
habilidad de luchar hasta la medida de alcanzar su propósito. Su capacidad de recuperarse de algún susto, de prevenir en lo mejor posible los efectos negativos sobre uno mismo y cómo convertir absolutamente todo en escaleras para trepar hacia el éxito. Ahí es cuando decimos: "Es el final que cuenta".