Kant, como principal representante de la ilustración. Su intención básica fue compatibilizar la visión científica del mundo
de Newton (mecanicista) con una visión del hombre moral, libertario e incluso religioso. Dos cosas apasionaban a
Kant y admiraba de sobremanera: “el cielo estrellado sobre mi, y la moral en mí”. Estas palabras quedaron impresas en su tumba a modo de epitafio.
La moral kantiana es deontológica (deonto=deber y lógica=tratado, estudio), quiere decir, que trata sobre el deber. A diferencia de la ética aristotélica, que es teleológica (teleo=fin y lógica=tratado, estudio), la kantiana no se preocupa por ordenar los actos de los hombres en función de la búsqueda de un bien, sino que se centra más en que los hombres actúen teniendo como referencia el “deber”. Este “deber” está supeditado por la razón y la razón debe cumplir siempre una máxima: el hombre es un fin en si mismo, por lo tanto, no debe ni puede servir como medio para conseguir nada, y mucho menos como medio para que otro hombre se aproveche en su propio beneficio. Claramente podemos apreciar el contenido ilustrado de las ideas kantianas, que siglos después, desembocaron en declaraciones de los derechos del hombre y de los derechos humanos y jurídicos.
Para Kant la libertad define lo esencial del ser humano. Kant se hace tres preguntas, a propósito de la razón:
¿Qué puede hacer? – Fundamentación de la metafísica de las costumbres. ( la razón pone a crítica a la propia razón).
¿Por dónde encauzar mi vida? Crítica de la razón pura (lo que debe ser) Crítica de la razón práctica (lo qué es). Por puro entiende Kant: vacío de contenido empírico.
¿Qué debo esperar?