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Síntesis y críticas breves

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Jacobo Goldberg K. Z.L.

por : samuelakinin    

Autor : Samuel Akinin
Jacobo Goldberg K. Z.L.
En mis sesenta años de edad he conocido a mucha gente. Como escritor, e historiador, he entrevistado
a cientos de personalidades y he llegado a la conclusión, de que describir a una persona por una cualidad en especial es algo extremadamente difícil. Los seres humanos nos destacamos por un sin número de características que nos diferencian de los demás, bien sea por sus actos de bondad, altruismo, lo referente a su figura, altura, el acento, el porte, la elegancia, el trato, y paro de contar, entre los que he conocido muchas de estas cualidades se destacaron en ellos, pero tomar una sola y hacerla su bandera, una con la que el mundo estuviese en total acuerdo, solamente la he podido notar en el caso de mi entrañable amigo Jacobo Goldberg k., y ésa, es su sonrisa, su carismática simpatía y su modo de recibir las cosas todo el tiempo con gran alegría.
Así que hablar de Jacobo Goldberg K. es hablar del hombre hecho sonrisa, de la bondad hecha gente. Me recuerdo haber contabilizado muchas conversaciones sobre nuestra comunidad, los puntos de vistas podían ser o no similares, pero llegado al momento de tener que expresar su última opinión, ésta siempre venía acompañada de una sonrisa que no terminaba, que no dejaba armas para discusión alguna. Que uno notaba que la verdad absoluta carece de dueños y que sin importar el resultado de la conversación, el premio nos lo otorgaba Jacobo con su inmensa y sincera sonrisa.
No puedo dejar de lado el hecho de que conocí a Jacobo en sus mejores años, era junto a su hermano precursores de la industria del plástico. Ellos dominaban el mercado, uno podía notar el movimiento y el rugir de las máquinas, en su industria, ellos como muy pocos, contaban con una enorme cantidad de maquinaria. Ya para ese entonces al hablar de bolsas plásticas de inmediato se asociaba a Facupla, fabrica de cubiertas plásticas, la de los Goldberg. Jacobo tuvo la dicotomía de estar en lo alto y disfrutar, como más tarde nos pudo demostrar que aún habiendo perdido su fortuna, de que el dinero no es la medicina ni el pasaporte para la felicidad. En aquél entonces, en mis comienzos y estando él en la cresta de la ola, recuerdo me atendió como lo hizo de nuevo hace unos pocos días antes de su partida: ¡ Hola Samuel ! ¿cómo estás?, ¿cómo están los tuyos? Habían pasado muchos veranos con sus inviernos, su trato por más de cuarenta años fue el mismo. Todo esto por supuesto acompañado de su inseparable sonrisa y buen humor.
Jacobo era un hombre que gozaba haciendo las cosas, las reparaciones de sus máquinas, de sus aparatos, de su mismo automóvil. Una vez, reparando el carburador, éste prendió en llamas y le quemó sus manos a niveles que hasta perdió parte de su movilidad y de su sensibilidad, sin embargo a los pocos días de su accidente, lo encontré y como de costumbre me puso al tanto de su odisea no sin separarse de su ingenua y muy sentida sonrisa.
Me he saltado de un gran hombre parte de su vida, es verdad, pero eso no significa debamos olvidarnos de su niñez. Jacobo Goldberg K. nació en Wiesbaden Alemania en el año de 1925. Sus padres tuvieron la fortuna de oler la pestilencia del nazismo y a los seis meses de haber nacido Jacobo, lo trajeron a Venezuela, o sea que desde muy niño comió y bebió de las frutas y del aire del trópico. Al poco tiempo su padre enfermó y para recibir el tratamiento requerido, se mudaron a Madrid. El mal se llevó a su padre cuando Jacobo apenas contaba con nueve años. Su madre se muda a Barcelona y un año más tarde se vuelve a casar. Siendo judío y estando Europa como estaba, ellos buscan retornar a Latinoamérica, cosa que hacen primero a un país y más tarde a su Venezuela, que lo acogió con calor, hasta en su última morada.
Jacobo Goldberg deja un buen legado en su tres hijos León Mario y Susana, en sus nietos Nathalie, Alanna, Ivanna, Sarah y Samanta. En la memoria de sus nueras y yerno Ana María, Carolina y Martin Hariton y por supuesto en los grandes recuerdos, vivencias y esos secretos que los buenos guardan para siempre y que ahora quedan en las manos de su muy amada esposa Fanny.
Elevo mis plegarias al Todopoderoso, para que acoja a Jacobo Goldberg K. con la bondad que se merece, que lo tenga siempre a su lado para que note que hay humanos que a pesar de todo sí saben sonreír. Y que los suyos reciban sus bendiciones desde donde quiera que esté, pues un hombre así sólo tiene un lugar seguro en el otro mundo y es al lado de los buenos.
Que Dios Bendiga a su alma y le de a su viuda, hijos, nietas, nueras y yerno, la paz que se requiere para poder mitigar esta pérdida, misma que nos duele a todos por tratarse de quien en vida dejó incontables muestras de su extremada bondad, carisma y simpatía.
Uno más de sus afortunados miles de amigos.
Samuel Akinin
Publicado el: julio 21, 2008
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