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Síntesis y críticas breves

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Fuentes del Yo

por : adnerbail    

Autor : Taylor, Charles

El discurso de la identidad, es decir, la respuesta  a la pregunta ¿quién soy yo? se constituye en un horizonte  de cosas

que son significativas para nosotros. La identidad y el bien o lo moral están ligados esencialmente.


De esa manera, solo puede articularse un relato acerca de la identidad moderna explicitando el horizonte moral de la modernidad.


Desde la modernidad se ha entendido por moral aquello que tiene que ver exclusivamente con el contenido de nuestras obligaciones, es decir, el intento de responder  al pregunta ¿qué debo hacer?, ello ha conducido a un olvido del concepto de vida buena o de vida con sentido que en última instancia le sirve de soporte.


Lo moral en sentido general apunta a aquellas cuestiones que son significativas o que son susceptibles de distinciones cualitativas (bueno o malo, correcto o incorrecto). Son esas cuestiones morales y espirituales que en cuanto tales, supone una valoración fuerte. No dependen de nuestros deseos e intereses sino que les sirve de criterio, es decir, proporcionan una norma acerca de qué debemos desear si queremos vivir una vida significativa.


Cuando venimos al mundo, nos insertamos en un mundo humano, en una comunidad que comparte un horizonte común acerca de aquellas cosas que son significativas, configuramos nuestra individualidad en ese espacio moral, aún cuando neguemos las explicaciones tradicionales que le dan sentido a aquello que es reconocido como valioso. Por ello, lo moral en sentido general es como una intuición que nos orienta en nuestras decisiones y acciones.


Esas intuiciones morales presentan dos aspectos. Son casi instintivas, es decir se asemejan a las respuestas viscerales, pero a su vez requieren para darse, del reconocimiento de aquello que es objeto de respeto o de valía, es decir de una ontología moral.


Las ontologías morales son las explicaciones implícitas o explícitas de por qué actuamos de cierta manera, articulan el trasfondo significativo que le da sentido a nuestra vida y como tales, suponen una imagen moral de lo qué es ser un ser humano realizado. Las ontologías morales son los marcos de referencia de nuestras decisiones y acciones, es lo que define una cuestión como moral o espiritual y por ello, es imposible una vida humana sin marcos referenciales.


Frente a una metaética fruto de una epistemología naturalizada (solo es real lo que puede ser descrito en el lenguaje de las ciencias naturales), se sostiene que lo moral puede reducirse a reacciones de tipo visceral que a su vez puede explicarse en términos evolutivos (sociobiología). Es decir, se considera que las ontologías morales son construcciones humanas de las que puede prescindirse para explicar lo que es realmente lo moral.


El descrédito de los horizontes morales del pasado también ha llevado a pensar que se puede prescindir de los marcos referenciales así como el hecho de que existen distintas ontologías morales conviviendo entre sí.


Es claro que la convivencia o el entrecruzamiento de los horizontes morales significa que solo se puede hablar de moral en un entorno humano y que es lo objetivo moral lo que va redefiniendo nuestras creencias morales. En ese sentido reducir lo moral a algo no moral es hacer desaparecer lo que da sentido al lenguaje moral con el que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos, pretensión que también presupone un lenguaje de ese tipo.


Toda ontología moral puede articularse a partir de tres ejes o dimensiones de lo moral:


El respeto a los demás como obligación, el concepto de vida buena y el reconocimiento de lo que es digno de respeto o valioso en nuestras acciones.


Lo último apunta a cómo nos vemos a nosotros mismos en relación con los demás, sobretodo con aquellos que son significativos para nosotros, si lo que hacemos es admirado o los intentos que desplegamos para lograr ello.


Esos tres ejes se deben de tener en cuenta si se quiere lograr decir algo acerca de la ontología moral moderna. Así si consideramos el primer eje, encontramos que el respeto a los demás en la modernidad es coextensivo a la especie humana. Esto se da gracias al desarrollo del concepto de autonomía, así como de la creciente conciencia de que debemos disminuir el sufrimiento ajeno o la crueldad en el trato, y la afirmación de la vida de producción y familiar como el espacio de realización. Es claro que este último aspecto moral moderno también tiene que ver con el segundo y tercer eje, pues ya no contraponemos la vida de producción a otras formas de vida presuntamente superiores, sino que buscamos definirnos a nosotros mismos en ese espacio moral compartido.


El segundo eje es clave para los otros dos, pues es el concepto de una vida buena lo que permite extraer una lista de obligaciones, así como lo que cuenta como admirable. En la imagen de la moral moderna donde se privilegia el tema del respeto igualitario y lo que es lo justo, hay un trasfondo de lo que es llevar una vida realizada que puede ser definida como el ejercicio de una razón desvinculada de todo prejuicio metafísico, o viéndonos a nosotros mismos y a los demás como hacedores o artistas de un proyecto de vida que involucra autonomía y respeto por las expresiones de los demás.  


Publicado el: junio 22, 2008
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