Uslar Pietri basa sus reflexiones en el nacimiento de la diferencia de “las dos Américas”. Aunque ambas fueron concebidas
más como un proyecto a realizar que como algo ya establecido, en la América del norte se buscó hacer un apéndice de Inglaterra, eliminando cualquier clase de resistencia. Borradas por medio del fuego las huellas del pasado indígena, se estableció un accionar positivista que buscaba evitar los viejos errores que se cometieron en Europa. Mientras tanto, en el sur se sincretizaron las culturas. No era necesario eliminar cualquier residuo de los anteriores habitantes porque su fuerza de trabajo podía ser muy útil a la corona. En ambos casos ir a América significaba conocer tierras, buscar tesoros míticos, fundar lo que no existía ignorando lo que existía. Por tanto el continente se dividió en dos Américas: la sajona racionalista (E.U. y acaso Canadá) y la otra llena de países calurosos, pintorescos y primitivos; y además, llenos de contradicciones gracias a la variopinta mezcla de razas que los conformaban. Consciente de que sin la aceptación entre sí de las diferentes razas es imposible llegar a ningún lado, Pietri llama también a la unidad para redefinir el presente de esa América menospreciada, para mirar por fin hacia el progreso.