Vivimos actualmente en una constante e intensa interrogación sobre la naturaleza humana! En todo el planeta, el desprecio
a la vida está a la orden del día –el horror del 11 de septiembre de 2001, las recientes matanzas de Virginia Tech, la amenaza de las armas nucleares, las masacres perpetradas en Iraq-. Frente a estas tragedias, los filósofos deben brindarnos explicaciones. Nuestra vida es tan valiosa como la de los demás. El homicidio es el grado último de la destrucción de la naturaleza humana y el rechazo de la paz.
Nuestra naturaleza inherente nos lleva a una lucha interna entre el bien y el mal.Tenemos la voluntad inquebrantable de hacer el bien, pero somos débiles frente a la tentación de buscar el “mal radical”.
“No hagas a los otros lo que no deseas que te hagan a ti”, afirmó Confucio.
Kant dijo: “Actúa de modo que trates siempre a la
humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, como un fin y nunca simplemente como un medio”.
El hombre moderno tiene pues el deber de renunciar a sus inclinaciones bestiales para elevarse hacia el rigor moral, manteniendo al mismo tiempo su equilibrio personal. En otras palabras, se debe combinar el bien personal con el bien común de las personas que nos rodean y de toda la humanidad.
La religión y la política dificilmente sean la solución de los conflictos que oponen a las culturas humanas. Corresponde a los filósofos proponer soluciones. Por ello, se debe proponer una filosofía universal, e implementar acciones para alcanzarla. Se debe alentar la comprensión y la comunicación mutua entre la cultura occidental y oriental. Es necesaria una verdadera fusión de sus valores. Es comprender que en cada cultura hay formas de pensar que simplemente deben de respetarse, y que además cada una tiene algo que aportar a la otra. Es alcanzar un punto medio entre el liberalismo y el individualismo occidental, que muchas veces se transforma en egoísmo; con el colectivismo y el comunalismo oriental, que en muchos casos convierte al individuo en una simple pieza de una gran maquina.
Debemos poner a un lado las actitudes arrogantes, y andar afirmando que una cultura es mejor que la otra, puesto que esto siempre ha sido la causa de las grandes confrontaciones y tragedias de la humanidad. Es tener como arma la humildad, y no para sacar ventaja a las demás culturas, sino PARA SALVAR LA HUMANIDAD. Estamos en un momento de escasez de líderes auténticos que busquen el bien común, sino que se enfocan en intereses propios o de pequeñas minorías. Nos tenemos que dar cuenta que el dinero tiene que invertirse para el desarrollo y no para enriquecerse y crear diferencias socioeconómicas. Tenemos que cuidar el mundo que hemos construido, porque en un abrir y cerrar de ojos, se puede convertir en un caos total. Todo es cuestion de comprender que estamos en tiempos de grandes decisiones y de buscar el
entendimiento mundial.