En esta obra se resalta la visión un tanto mítica que ha motivado la ocupación de la Amazonía, desde épocas en que el famoso mito del ‘Dorado y el País de la Canela‘ atrajo e introdujo a personas de todo el
mundo hacia ella en su búsqueda. Lo cual no obstante
parece ser algo que parece aun persistir muchos siglos después, cuando la mayor parte de los países de la cuenca adquieren su independencia en la primera mitad del siglo XIX; en efecto, la actitud de los respectivos gobiernos parece desde entonces estar aún motivada por mitos, teniendo en cuenta las diversas políticas emprendidas en torno a la región y que comprendieron programas que con el tiempo causaron más daños que beneficios en su hábitat, aunque de manera especial a la población originaria ahí asentada desde tiempos inmemoriales.
Existió en realidad un marco en el que políticas de
desarrollo avaladas algunas de ellas por entes internacionales, tenían como principal objetivo ocupar la equivocadamente –o mezquinamente- pensada “desierta” región de la Amazonía, propiciando por ello campañas de colonización con el fomento paralelo de actividades como Agricultura y Ganadería que a la larga demostraron no ser económicamente viables en muchas regiones como por ejemplo ocurrió en el Perú; causándose así efectos ambientales negativos en dicho hábitat, aunque de manera especial deforestando extensas zonas pues era necesario “preparar” permanentemente terreno para labores agropecuarias, debido a la débil fertilidad de muchas áreas del hábitat amazónica. Lo que por lo demás perjudicó indirectamente a otros sectores económicos, al tratarse luego de menguar erróneamente los problemas ecológicos ahí provocados; como específicamente ocurrió con el sector forestal, al que al mismo tiempo se intento achacársele toda la
responsabilidad en el problema de deforestación y/o degradación de los
suelos amazónicos.
En los últimos tiempos y gracias a la evolución del conocimiento y de la tecnología, existe un mayor conocimiento de la región; lo que entre otras cosas nos permite reconocer la real dimensión de la importancia del área para el resto del mundo en asuntos como la provisión de una infinidad de recursos naturales, por jugar un papel esencial en la protección de la biodiversidad, por su papel en el control de la erosión de los suelos que contribuye a evitar desequilibrios climáticos, a proporcionar servicios recreativos, y que actúa además como capturadora de CO2 atmosférico, etc. Por todo lo cual se sostiene en la obra que la estrategia para el desarrollo de la Amazonía deberá estar apoyada y concentrada en el binomio ecología-tecnología, a través de un modelo de desarrollo regional que concilie y compatibilice la conservación del medio ambiente con el crecimiento económico, promoviendo la elevación de la calidad de vida de la población amazónica.
Resaltemos finalmente el hecho de que en sólo pocas hectáreas, la región alberga más
especies de árboles nativos que las existentes en toda América del Norte, y que en una sola de ellas viven tantas especies de hormigas como todas las de Inglaterra; y que incluso su superficie ocupando sólo el siete por ciento de la Tierra, engloba más de la mitad del patrimonio biológico
mundial; y existen además muchas especies vegetales y animales por descubrir. Todo lo cual hacen de esta región clave para el mundo entero; la comunidad mundial debe por tanto compartir en coordinación con los países amazónicos la responsabilidad por su desarrollo y conservación, disponiendo para ello de tecnología y sobretodo recursos para protegerla y conservarla.
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