Timidez y pasión
José Camarasa
Esta es una historia de amor protagonizada por Domingo Faustino Sarmiento y Aurelia
Vélez, cuando él tenía 77 años y su
amante 52, habiendo pasado juntos tres décadas.
Su relación había sido a través de cartas encendidas y luego un acercamiento inevitable entre un hombre y una mujer apasionados.
Recordando algunos aspectos de esta figura tan peculiar podemos consignar los datos más obvios, que nació en San Juan en 1811, su formación fue autodidacta, durante las guerras civiles de 1820 militó en el bando liberal, a consecuencia de ello con el triunfo de Rosas partió a Chile, regresando en 1852; fue ministro plenipotenciario en EEUU, fue presidente en 1868, habiendo logrado un gran desarrollo de nuestro país fundamentalmente la educación, además, autor de libros tales como Facundo y Argirópolis; pero hubo otro aspecto menos conocido sus amores.
Su primera mujer la conoció en Chile, se llamaba María Jesús del Canto y tenía 20 años, y con ella tuvieron una hija a que llamaron Faustina. Cuando la pareja se separó, tras estar un tiempo con su padre, la niña fue enviada a San Juan con su abuela y tías.
La segunda de las mujeres de Sarmiento su única esposa. Benita Martínez de Pastoriza estaba casada cuando lo conoció. También era chilena. Siendo su primer marido un hombre llamado Castro Calvo, con el cual habían tenido un hijo cuyo nombre era Domingo Fidel, “Dominguito”. Cuando Sarmiento se casó con Benita adoptó a su hijo.
Falta y castigo.
En 1885, con la caída de Rosas, Sarmiento regresa a Buenos Aires, aparecerá en su vida otra mujer con la cual sería la definitiva.
Aurelia Vélez, de quien se trata, hija de Dalmacio Vélez Sársfield, había estudiado y participaba en política, también viajó varias veces a Europa, y a los 17 años se casó con un primo hermano, Pedro Ortiz Vélez, hijo de un secretario de Facundo Quiroga. El matrimonio al cabo de un año fracasó, en el lapso de ese tiempo aconteció que Ortiz Vélez asesinó a Cayetano Echenique, amante de su esposa.
Esta mujer escribiría a Sarmiento: "Te amo con todas las timideces de una niña y con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creí que era posible amar. He aceptado tu amor porque estoy segura de merecerlo. Sólo tengo en mi vista una falta, y es mi amor por ti. ¿Serás tú el encargado de castigarla?".
Nacida en 1836, Aurelia era muy joven cuando conoció a Sarmiento, 19 años y él 44, tenía el pelo y la barba negra, época en que ya se empezaba a leer su Facundo.
Con Benita, estaban separados y en 1857 llegó su final. Según escribe Lilly Sosa de Newton en su Diccionario biográfico de mujeres argentinas “el lazo de Aurelia con Sarmiento se acentuó hasta llegar a convertirse en indispensable complemento espiritual. Contribuyó a ello la cultura de Aurelia, así como su capacidad para interesarse en la política, la literatura y el arte”.
Cartas clandestinas.
En 1861, Sarmiento fue designado interventor federal de la provincia de San Juan por el presidente Bartolomé Mitre, pero se fue sin Aurelia que le escribiría: “Perdóname, encanto mío, pero no puedo vivir sin tu amor. Escríbeme, dime que me amas, que no estás enojado con tu amiga que tanto te quiere”.
Este intercambio de correspondencia en forma clandestina, permaneció hasta la separación definitiva con Benita Martínez Pastoriza.
Dos años más tarde Sarmiento fue designado como embajador en EEUU y en Washington, recibió la triste noticia de la muerte de su hijo “Dominguito” en la batalla de Curupaytí, en la guerra con Paraguay.
En Pensilvania, se relacionó con una joven maestra llamada, Ida Wickersham, 30 años más joven que Sarmiento, y estaba casada con un médico, esta relación duró mucho tiempo, aún al regreso de él a la Argentina, ella le seguiría escribiendo.
En 1868, de regreso a Buenos Aires, fue elegido presidente de los argentinos, en esas circunstancias se enamoró de la hija de Dalmacio Vélez Sársfield, siendo su mujer sin papeles.
En una oportunidad en la que visitaba su amante sufrió un atentado que casi le cuesta la vida, cuando una explosión sacudió el carruaje en la cual se conducía. Era Gente de López Jordán que querían matarlo, el presidente no se dio por enterado puesto que quedó sordo, luego se lo comentaron más tarde.
Después de dejar la presidencia, en 1888, llego a Asunción del Paraguay con su hija Faustina y sus nietos. Ya anciano con su salud deteriorada, le escribió a Aurelia: “Venga al Paraguay y juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida. Venga, pues, a la fiesta donde tendremos ríos espléndidos, el Chaco incendiado, música, bullicio y animación. Venga, que no sabe la bella durmiente lo que se pierde de su príncipe encantado”.
Sarmiento murió en la madrugada del 11 de setiembre de 1888, Aurelia su amante no llegó a tiempo.