Para nuestro análisis sobre el proceso evolutivo del ser humano tenemos que tomar, necesariamente, una postura que nos oriente
al respecto. La interpretación de Mayr Ernst, será la que tomemos en cuenta aquí, ya que él sintetiza y actualiza la teoría de Darwin. Para Ernst la evolución consta de dos etapas: la producción de variabilidad y la selección natural y Jay Gouldi refuerza esta idea al decir que la selección natural no basta para explicar la evolución. Estas dos etapas están fuertemente marcadas por la casualidad y el azar.
Lo que resaltamos de Ernst es que postula una forma de evolución alterna que otros autores no explican: la evolución cultural. El hombre tiene la oportunidad de condicionar e influir en su evolución moral de una forma más veloz que la misma evolución biológica. Esta característica es propia de la especie humana y servirá de apoyo en nuestra definición de
humanidad. Sin embargo queremos aclarar que buscaremos una perspectiva de análisis que incluya lo biológico y no sólo lo sociológico, tal como plantea Frans de Waaliii.
Según afirma Ian Tattersalliv, la especie humana evolucionó en África, pasando por diferentes estadios, desde el homo ergaster hasta el homo sapiens. (Ian Tattersall no cree que el austrolopithecus sea humano, sino primate). Esta clasificación de “humano” y no “humano” la hace basándose principalmente en la apariencia física y la similitud con el hombre en la actualidad, dejando, por momentos, de lado lo conductual.
Steven Mithenv, sin embargo, se basa en las fases evolutivas de la mente, de acuerdo a la interrelación que tienen sus módulos o inteligencias. Él plantea que la última fase de la mente en la especie humana “primitiva” se identifica por la conexión absoluta entre sus módulos, algo que llama “fluidez cognitiva” y que, estima, se dio con la aparición del homo sapiens sapiens. Nosotros interpretamos esta fluidez cognitiva como la pauta que marca el comienzo de la humanidad propiamente dicha, ya que es ésta la que permite el establecimiento de la religión y el arte, como manifestaciones de la imaginación y el simbolismo, y como muestras de una cultura más compleja. Y es precisamente la cultura, uno de los determinantes de una humanidad para Gellnervi: “una cultura es la forma distinta de hacer las cosas que caracterizan a una comunidad (…). La humanidad es única en el sentido de que las comunidades en las cuales se divide muestran una asombrosa variedad en sus modos de conducta (…)”
Entonces, la humanidad surge (por comparación al hombre actual) con el desarrollo de la fluidez cognitiva durante la fase del homo sapiens sapiens. Fluidez que permite el establecimiento de culturas cada vez más complejas, y que miles de años más tarde originarían lo que Karl Jaspersvii llama el eje de la
historia universal: una etapa en que tres civilizaciones paralelas desarrollan (sin mantener comunicación) “una conciencia de la totalidad del Ser, de sí mismo y de sus límites (…).Un día la conciencia se hace consciente de sí misma.”