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Síntesis y críticas breves

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El pisco de la Nasca

por : Peruana    

Autor : Salvador Navarro Cossio
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Los informes de la época virreinal manifiestan como una constante que el mejor aguardiente de uva del virreinato es de la Nasca, el que se producía en las haciendas jesuitas de San José y San Javier en el Ingenio. A este respecto, revisando el libro publicado por el Banco Latino Crónicas y relaciones que se refieren al origen y virtudes del pisco, bebida tradicional y patrimonio del Perú (Lima, 1990) encontramos rica información que compartimos en el presente trabajo. 
            Antes de Cazalla, que fue el primero que elaboró vino en el Cuzco, se producía un vino “no del todo tinto de muy baja calidad y al que se le dio el nombre de Aloque o Aloquillo”. 
            El traslado de la viticultura a tierras del Nuevo Mundo tuvo sus razones. Por un lado, fue expresión del alto aprecio de los españoles por la vid y sus productos, y por otro de la necesidad de un vino ligado a la liturgia católica. O, también, según refiere Garcilaso “porque las ansias que los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias han sido tan boscosas y eficases, que ningún trabajo se les ha hecho grande para dejar de intentar el efecto de su deseo”. Así, durante las etapas iniciales de su expansión por tierras del Nuevo Continente, España estimuló la siembra de la vid en sus colonias, tal como lo indica una ordenanza del año 1502, promulgada por la Casa de Contratación de Sevilla, y en la cual se manda “que todos los barcos que salgan hacia el Nuevo Mundo, deberán llevar cepas”. 
            La vid, como germinó en tierra propicia, y fue tan exitosa su suerte, motivó que muy pronto su cultivo se extendiera por casi toda la superficie de los territorios del Virreinato del Perú, especialmente en Ica y Moquegua, donde se cultivó en gran escala, convirtiéndose tales zonas en los más importantes centros de producción vitivinícola del país. 
            Según testimonios de la época, a mediados del siglo XVII, la viticultura no solo estaba muy difundida sino que ya se cosechaba gran variedad de uvas: moyar, albilla, moscatel, blanca, negra. El padre Cobo da cuenta también del éxito de la vid en el Nuevo Mundo: “Ha cundido ya esta planta por todas las Indias. Y de solo el vino que se coge en el corregimiento de Ica que es la diocesis de esta ciudad de Lima, salen cada año cargados de ello más de cien navíos para otras provincias, así como fuera de él”. 
            Pablo Cabrera también nos noticia sobre los viñedos y sus productos en el los valles de Nasca e Ingenio. Dice que en pozas “hechas a mano de indios” se plantaron viñas que dieron buenas y abundantes cosechas de las que se hacía excelente vino y un aguardiente considerado como el mejor de los producidos en los términos del Virreinato; a este aguardiente todavía no se le conocía como ‘pisco’, y se le bebía con ‘cabeza’ y ‘cola’. Señala que las botijas las llevaban en carretas a su puerto “que es seguro” y distante –se refiere posiblemente a Puerto Caballa o San Nicolás–, para de allí llevarlos a Panamá y otros lugares. Los jesuitas tenían el monopolio de la producción en esta zona, lo designamos como monopolio porque los demás agricultores no podían competir con sus precios, por estar ellos exceptuados del pago de impuestos. En su memoria el virrey Amat y Junyent manifiesta que este hecho provocaba un fuerte descontento entre los demás hacendados y le mortificaba grandemente como virrey; le tocó a él, durante su gobierno cumplir la orden de expulsión de los jesuitas. 
            La Compañía de Jesús había comprado el 4 de agosto de 1620 a don Juan Arias Maldonado las tierras del Ingenio, en la comprensión de Nasca, y más tarde, en 1626, consiguió en donación de don Juan Fernández Hidalgo cuatro fanegadas de tierra del Tambo del Inca, en términos del valle de Nasca. Así los jesuitas se hicieron dueños de grandes viñedos de los que sacaban muchas botijas de vino y aguardiente a menos precio que los demás productores. 
            Seguimos citando a Cabrera, quien señala que la hacienda del Ingenio de San José de Nasca que perteneció a la Compañía de Jesús, remonta su origen al año 1546 “en que Pedro Juárez, El Viejo, compró a los caciques del valle de Nasca ciertas tierras y heredades que los dichos caciques poseían en el valle que se decía del Collao, en cuyas tierras plantó una viña, que posteriormente el año 1549 vendió al Veedor García de Salcedo en 1.500 pesos de oro; el Veedor adelantó las tierras, adquirió otras nuevas e implantó un ingenio y trapiche de azúcar que sus herederos aumentaron y transformaron en uno de los más ricos centros agrícolas del valle”. 
             Esta enjundiosa información sobre los viñedos nasqueños, que vienen de larga data, nos permiten revalorizar nuestra uva y nuestro pisco como un patrimonio más de esta tierra. Indudablemente, la calidad y sabrosura del producto final, ese néctar que es el aguardiente de uva, como se le decía durante el virreinato, es nuestro peruanísimo pisco, único por la calidad de la tierra que produce nuestra maravillosa y sin par uva quebranta.



Publicado el: agosto 15, 2008
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