El año 1919, el Presidente don Augusto B. Leguía acordó la contratación de una Misión Naval Americana para reorganizar
la Marina de Guerra; a la postre, empero, su tarea fundamental se centraría más bien en la Escuela Naval, pues se llegó a la conclusión de que el éxito total de la Misión dependía del trabajo que se realizara directamente con los jóvenes, quienes serían los que en el futuro tomasen las decisiones institucionales que llevasen a la Marina hacia una verdadera modernización. Aunque no está demás hacer la salvedad de que, según la evaluación de la Misión al momento de asumir sus funciones, encontró que la Escuela era entonces el mejor instituto académico del Perú.
El capitán de fragata USN Charles Gordón Davy fue nombrado Director de la Escuela Naval, cargo considerado como el más importante después del jefe de la Misión ). Se inauguró así una fructífera etapa en que se consolidó la reforma de la Marina desde sus mismos fundamentos, es decir, desde la formación de los hombres, poniendo los cimientos morales para la nueva Institución. Este extraordinario hombre que fue Davy , cuya presencia tuvo tan honda gravitación en la nueva Escuela Naval, bien merece un acápite aparte. La Misión Naval Americana continuó en el Perú hasta el mes de marzo del año 1933, aunque ya no en la Escuela Naval, pues el capitán de navío D. Charles Gordon Davy desempeñó su cargo de Director hasta el día 30 de septiembre de 1930. El año 1935, se creó la sección de Aspirantes a Cadetes Navales. Ello motivó que aumentaran las necesidades de alojamiento y servicios en la Escuela Naval, por lo cual se emprendió la construcción de nuevas y modernas instalaciones, las que se mantuvieron en servicio hasta 1974, año en que el terremoto destruyó los edificios de los dormitorios. Se edificaron entonces las actuales instalaciones, las que fueron inauguradas el año 1981. La Escuela Naval del Perú, moderna Institución en la cual se forjan los Oficiales de la Marina de Guerra del Perú, tiene pues profundas raíces en la historia. Durante más de dos siglos han salido de sus aulas muchos hombres que se distinguieron como ciudadanos y profesionales ejemplares y dieron prestancia a la Marina y al Perú. En los años treinta se inauguró un pequeño busto del Gran Almirante del Perú, don Miguel Grau Seminario, en cuyo pedestal se leía la frase: Cadetes Navales, seguid su ejemplo. Cincuenta años más tarde, dicho busto fue reemplazado por una majestuosa estatua que se yergue ahora sobre un mausoleo en donde se conservan los restos del gran héroe naval peruano. En el frontis se lee la misma frase, recordando así el compromiso que tienen los Cadetes y Aspirantes Navales con su rico y glorioso pasado.