Gisela Bock abre su texto planteando una pregunta
que articula todas las controversias que analiza en su
trabajo:
¿existe una
historia de las mujeres? La
pregunta es algo más que retórica si tenemos en
cuenta que la “historia universal” se caracteriza por
excluir a la mujer, por silenciar su presencia. Este es el
punto de partida del debate, los encuentros y
desencuentros que plantea la autora, sobre los que
ofrece, además del estado de la cuestión, sus propias
reflexiones.
En primer lugar, la búsqueda de una historia de las
mujeres ha estimulado la reflexión sobre lo que podría
significar dicha historia; las implicaciones para el resto
de la historiografía y su relación con la historia general.
La historia de las mujeres no es una historia
independiente de la de los hombres, pero es una
historia propia, la manera más sencilla de mostrarlo
es empleando las palabras de Maïte Albistur:”No hay
duda de que la trama de la historia de las mujeres
presenta la misma complejidad que la de los
hombres. Pero podemos suponer que el tiempo, tal
como lo vive la parte femenina de la humanidad, no
transcurre según los ritmos ni es percibido de la
misma manera que los hombres”.
Además es ariete contra concepciones y categorías
estáticas y reduccionistas. En este punto la autora
pone por ejemplo la oposición entre género y biología.
Los estudios de género revelan que biología no es un
categoría ajena a la realidad social, sino que
constituye una categoría sociocultural que
distorsionado la relación de los sexos. Que la biología
esta cargada de moral lo resume Gisela Bock en uno
de los párrafos más esclarecedores de su trabajo:” el
término biology parte de la convicción de que las
diferencias entre las personas justifican la
desigualdad social y política, y de que la igualdad
debería ser otorgada únicamente a los que son
físicamente iguales”. Y añade que esta moralidad
ligada a la biología se hace patente cuando se
considera que las mujeres están mejor dotadas que
los hombres para cuidar a los hijos, de lo cual se
deduce que no es la anatomía el motivo de que las
remuneraciones a esas mujeres sean inferiores, sino
la cultura disfrazada de biology, o de juicios de valor
biológicos. En esta trampa conceptual también han
caído algunas historiadoras que utilizan el mismo
lenguaje y afirman que uno de los mayores obstáculos
para la liberación de la mujer son sus fatalités
biologiques sobre las que supuestamente se funda el
dominio del varón. Es decir, la emancipación de la
mujer pasa por emanciparse de su biología, o sea por
oscurecer aún más lo que la historia de las mujeres y
el género tratan de clarificar: la relación entre la
experiencia y las representaciones corporales de
hombre y mujeres.
En cuanto a género e historia la autora se muestra
tajante: “El género, o lo sexos, no se refiere a uno o
varios fenómenos concretos, sino que alude, por el
contrario, a un conjunto complejo de
relaciones y
procesos. Es preciso > si se
quiere entender el género no sólo como una categoría
analítica, sino como una realidad cultural”. La
percepción historiográfica de género se revela como
un problema de relaciones entre seres y grupos
humanos que antes habían sido omitidas, teniendo en
cuenta que las pautas de género y sus realidades
están sujetas al cambio histórico. La relación entre
historia de género y la historia social se muestra en
conflicto debido a la categoría de clase, ya que lo
social se considera esencialmente en términos de
estratificación de clase y se condena al resto de las
demás relaciones sociales a la tipología de pre-social.
Para Bock, la experiencia de clase es distinta para
hombres y mujeres y se fundamenta en el género.
Además, considerar el género como una relación
sociocultural más, nos permite identificar otro tipo de
relaciones socioculturales construidas históricamente
como por ejemplo la raza, lo masculino, la religión…