El origen de
Lima, está relacionada, desde su fundación española a
dos factores preexistentes:
Su marco geográfico y su estrato cultural indígena; ambos confluyeron para determinar las características de su
desarrollo urbano. Su
clima sería decisivo para escogerla como capital, tal como lo refiere el vocero de la
ilustración colonial y maestro de la
meteorología, Don Hipólito
Unanue, que la describe como “
Una eterna primavera”; además de los cronistas soldados del siglo XVI que la veían como un sosiego después de haber traspasado riscos y fronteras, lo que es reafirmado por
Cieza de León y los poetas del siglo de hierro que le entonaron himnos de alabanzas
. Además del clima, los hispanos se impresionaron con la variedad de
flora y fauna de esta nueva tierra, que los obligó a vencer su temor a los
temblores y los huaycos, para fundarla como
capital. La provisión de agua y su distribución por canales por el valle, es uno de los motivos determinantes de la elección del sitio como capital por
Pizarro, gobernado por ese entonces por
Taulichusco. A la llegada de los españoles, las casas en Lima eran construidas con adobe y esteras, generalmente con tres paredes y el cuarto descubierto o con una reja, por lo que Cieza apunta en 1548 que "
los indios de los llanos y arenales no hacen las casas cubiertas como las de la serranía, sino terrados galanos o grandes casas de adobe, con sus estantes o mármoles y para guarecerse del sol ponían unas esteras en lo alto".
El padre Cobo, su más ilustre historiador, indica que a la llegada de los españoles, la capital peruana tenía tres pueblos grandes:
Carabayllo, Maranga y Surco o Armatambo; que eran cabezas de diez mil familias cada uno. Un símbolo de la
cosmología popular eran los temblores, personificado en
Pachacámac, que más tarde se refugiaría en la fe cristiana a través del Señor de los Milagros o “
señor de los temblores”. La raíz india de Lima expresada en el caserío de Limatambo y maringa, otorga a la ciudad hispánica, la lección geográfica del
valle yunga, el paisaje de la
huaca destacando sobre el horizonte marino; en sus técnicas agrícolas para dominar el desierto; en su flora y fauna modificadas por sus nuevos inquilinos; algunas formas de edificación ; en el
Rímac, su río hablador, torrentoso y voluble; pero sobre todo, en su nombre: LIMA, que tiene "
sabor de mujer y de fruta", según Marañón, cuya entraña quechua inarrancable, se alzó triunfal a la denominación barroca de
Ciudad de los Reyes. Estas son las raíces de Lima, ciudad brumosa y desértica, de temblores, de dueñas y doctores, un don del Rímac y de su dios hablador.