La personalidad de Vladimiro Montesinos, oscuro militar condenado y expulsado del ejército por traición a la patria, nos
permite acercarnos al rocambolesco personaje que tanto poder llegó a adquirir en el seno de las Fuerzas Armadas, del gobierno y de la sociedad misma. A partir de ello el autor desarrolla luego la construcción del andamiaje de la organización de poder dentro de las fuerzas armadas para controlar el Estado; el papel que desempeñaron el 5 de abril de 1992, fecha en que el presidente Alberto Fujimori anunció su propio autogolpe disolviendo el Parlamento; se utilizó entonces la percepción de la amenaza subversiva como una motivación golpista. El autor expone cómo eran las fuerzas armadas en la década de 1990, y el cambio que habí ido produciéndose en ellas en las últimas tres décadas. Asimismo, el poder que en manos de Montesinos había ido adquiriendo el
servicio de
inteligencia en la vida nacional, lo cual desembocaba en una total falta de control democrático sobre las fuerzas de seguridad. La operación Chavín de Huántar para rescatar los rehenes tomados por un comando subversivo del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) en la residencia del embajador del Japón en Lima, ilustran cómo funcionaban las relaciones cívico militares en el Perú. Una reflexión final de cómo terminan las dictaduras es el epílogo de la obra.