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65 Años de la Batalla de Moscú: El día que Hitler casi gana la guerra. Parte 2

por : Anguila    

Autor : NEWSWEEK
FUERZA BRUTA
            El caos en la capital asediada era

tal que gran parte del gobierno soviético, junto con diplomáticos y periodistas
extranjeros, fue evacuado por ferrocarril a Kuibyshev, la ciudad del Volga
situada a unos 960 kilómetros,
la que seria la nueva base de operaciones del gobierno, una vez que cayera la
capital. Incluso, se esperaba que Stalin se trasladara hacia allí a mas tardar
en uno o dos días. Un tren especial lo esperaba en la estación, así como su
Douglas DC-3 personal y otros tres aviones, en caso que tuviera que huir con
mayor celeridad.
            El 16 de octubre, el peor día de pánico
en Moscú, Stalin no estaba seguro de que las tropas soviéticas podrían
finalmente frenar el ejército de Alemania. Un oficial de la Fuerza Aérea lo vio sentado en
su despacho preguntándose una y otra vez: “Que haremos? Que haremos?” Testigos
relataron que estuvo a punto de abandonar la capital, pero desistió a último
momento.
            La estrategia de defensa de Stalin
fue la de siempre: el uso de la fuerza bruta. El 19 de octubre declaró el
Estado de Sitio y ordenó a las unidades de la NKVD que abrieran fuego contra los saqueadores, así
como contra toda persona que pareciera sospechosa. Miembros sobrevivientes de
aquellas patrullas, como Yevgeny Anufriyev, se muestran cautelosos al describir
lo que realmente hicieron. “Teníamos la asombrosa orden de matar a los espías y
a los desertores al instante”, indica. “Pero no sabíamos cómo descifrar quién
era un espía”. Muchos moscovitas fueron asesinados a balazos y los saqueos
cesaron.
            La historia oficial nunca relató los
desatinos de Stalin. Esos relatos tampoco admiten que de no haber sido por los
enormes errores que cometió Hitler. Stalin no hubiera podido salvar su capital
y, posiblemente, nunca hubiera prevalecido en el desenlace de la Segunda Guerra.
            Las políticas y groseros errores de
Josef Stalin condujeron casi al desastre a la Unión Soviética ante el avance
del ejército alemán. Sus purgas masivas del Ejército Rojo en 1937 y 38 privaron
a la estructura militar de muchos de sus oficiales de mayor experiencia.
            Entre las primeras victimas el
mariscal Mikhail Tukhachevsky, un aristócrata que pasó a ser comandante del
Ejército Rojo, quien pronosticó que Alemania podría atacar sin advertencia y
que el resultado seria un con conflicto largo y costoso.“Que pretende: asustar
a la autoridad soviética?” le reclamó Stalin. El dictador soviético hizo que lo
torturaran y ejecutaran por ser el supuesto organizador de un golpe junto con
los fascistas alemanes. Miles de otros altos oficiales tuvieron un destino
similar.
            Después que hizo causa común con
Adolf Hitler al acordar el pacto de no agresión soviético-nazi, el 23 de agosto
de 1939, Stalin rehusó escuchar innumerables advertencias de sus propios espías
y de gobiernos de occidente acerca de que los alemanes se prestaban a invadir.
No permitió que los jefes militares pusieran a sus unidades en alerta, lo que
derivó en la serie inicial de victorias germanas.
            Los invasores capturaron o mataron a
una enorme cantidad de soldados del Ejercito Rojo y requisaron cajones de armas
que fueron dejados cerca de la zona fronteriza. Como consecuencia de ello,
muchos soldados soviéticos fueron enviados a combatir sin armas, Ilya
Druzhnikov; un ilustrador de libros que fue enviado al frente de batalla,
recordó que en su unidad solo había un fusil disponible cada diez hombres. Eso
significó que los soldados sin armas seguían a cada hombre armado y esperaban
que fuera abatido para recoger el fusil.
INVIERNO
            Pero a Stalin lo salvaron los
enormes errores de Hitler. El dictador alemán envió a su ejército hacia Rusia a
fines de junio de 1941 sin uniformes para el invierno. El führer estaba
convencido que lograría la victoria antes de que cambiara el tiempo. A mediados
de julio, los alemanes habían avanzado hasta la región de Smolensk y los
Generales de Hitler, al igual que el comandante de los panzer, Heinz Guderian, querían
seguir avanzando hacia el Este en dirección a Moscú que estaba a unos 370 kilómetros de
distancia. Pero Hitler le ordenó que se dirigiera al Sur para primero ocupar
Ucrania. Lo hizo, pero perdió tiempo valioso.
            Una vez que se lanzó la Operación Tifón
contra Moscú, el 30 de setiembre, los caminos se convirtieron rápidamente en
lodazales durante la temporada de lluvias y la temperatura registró agudo descenso.
Envolviéndose con lo que podían robar a la población civil, los alemanes igual
se congelaron y sus cuerpos, con frecuencia, fueron dejados amontonados como si
fueran madera para una estufa, ya que no podían recibir sepultura hasta la
primavera.
            La resistencia soviética se
endureció. La insistencia de Hitler por imponer de inmediato el reino del
terror en los territorios soviéticos y el despiadado trato a los prisioneros de
guerra, la mayoría de los cuales pereció, se tradujo en un renovado estimulo
para los esfuerzos de Stalin de reagrupar a sus tropas. Pero no quería correr
ningún riesgo. “Unidades de bloqueo” fueron desplegadas en la retaguardia del
Ejército Rojo con orden de abrir fuego de ametralladora contra cualquier
soldado que intentara retroceder.
            La demora del avance germano hacia
Moscú también dio a Stalin el tiempo para volver a desplegar unos 400.000
soldados que estaban destacados en Siberia, una vez que quedó convencido de que
Japón no atacaría desde el Este. Esas tropas, equipadas con todo lo necesario
para enfrentar el rigor del invierno, pronto comenzaron a lograr victorias
contra los alemanes, cuyas tropas estaban congeladas, demasiado extendidas y
exhaustas.
            Le guerra seguiría por dos años mas,
pero el destino alemán quedó sellado en aquel invierno de 1942, la primera
derrota de Hitler.
Publicado el: septiembre 21, 2007
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