A mediados
de 1941, la mayoría de los habitantes de Moscú creía que se ciudad estaba a
punto de ser arrollada por los alemanes. La NKVD – así se denominaba la política secreta de la Unión Soviética en aquellos
tiempos – había preparado el primero de lo que sería una serie de panfletos.
“!Camaradas! Dejamos Moscú por los continuos ataques de los alemanes”, admitía
y prometió que Moscú seria liberada luego. Pero finalmente, la ciudad resistió
hasta el final y la admisión de
derrota fue, en definitiva, enterrada en los
archivos secretos de la NKVD.
En efecto, gran parte de la
historia de cuán cerca estuvo de Moscú de caer en poder de los
nazis – una derrota que
probablemente hubiera cambiado el curso de la Segunda
Guerra Mundial – fue
oscurecida durante décadas por un relato deliberadamente distorsionado. Pero
ahora, la verdadera historia puede ser contada.
La
batalla de Moscú, que duró
oficialmente desde el 30 de setiembre de 1941 hasta el 20 de abril de 1942,
enfrenté a dos gigantescos ejércitos en lo que fue el más grande choque armado
de la historia humana. Siete
millones de hombres estuvieron involucrados en
alguna etapa de esa lucha: el doble de los que pelearían posteriormente en
Stalingrado. Durante la batalla de Moscú, 2.5 millones de personas murieron,
desaparecieron, fueron tomadas prisioneras o sufrieron graves heridas. De esas
bajas, 1.9 millón corresponden al
lado soviético.
Pero el error capital de Adolf
Hitler, que envió a su ejercito sin uniformes de invierno, torcieron la
historia para el lado soviético, pese al sinfín de torpezas que cometió Josef
Stalin durante la batalla de Moscú.
La derrota alemana constituyó la
primera señal de que Alemania perdería la guerra. Fabian von Schlabrendorff –
un oficial alemán que después se incorporó a la conspiración contra Hitler –
explicó que “destruyó el mito de la invencibilidad del soldado alemán”.
Del lado soviético, la batalla de
Moscú prefiere ser olvidada porque cualquier relato honesto de ella socavaría
la línea histórica soviética de la “Gran Guerra Patriótica”, como llaman a la Segunda Guerra Mundial. Esas
versiones distorsionadas son ahora reforzadas en la era del presidente Vladimir
Putin y describen a Josef Stalin como un genio militar y a su pueblo como
heroico y unido contra el invasor germano. No es por azar que la reputación de
Stalin se desploma cuando aparece un periodo de liberalización en Rusia y
resurge cuando hay un férreo control. Pero, fueron los errores, incompetencia y
brutalidad de Stalin que hicieron posible que las tropas alemanas se acercaran
a la periferia de Moscú y que, en el camino, mataran o capturaran a casi dos
millones de soldados soviéticos.
Boris Videnskyera, cadete en la Academia Militar
Podolsk cuando comenzó la Segunda Guerra
Mundial, fue uno de los pocos que sobrevivió, pese a que los soviéticos fueron
lanzados a la batalla sin preparación y poco armamento. Después de la guerra,
se convirtió en uno de los principales investigadores del Instituto de Historia
Militar, en Moscú. En retiro, recordó que después de la guerra, el mariscal
Georgy Zhukov – el legendario comandante del Ejército Rojo – pidió un cálculo
aproximado de las pérdidas de tropas en Moscú. Cuando le mostraron la cifra, Zhukov
rápidamente ladró una orden: “!Escóndala y no se la muestre a nadie!”.
No solo el costo humano era
vergonzoso. Después de todo, Stalin siempre consideró a sus soldados – y en
realidad, a cualquier persona – como sacrificables. Nunca vaciló al mandar a
millones a la muerte. Mas inquietante fue que, mientras muchos soldados
pelearon de manera heroica, cientos de miles se rindieron al enemigo cuando el país
enfrentaba el mayor peligro. Muchos civiles entraron en pánico, se dedicaron al
saqueo y a otras formas delictivas que habitualmente eran impensables en el
estado policial que mantenía Stalin.
Más resúmenes sobre 65 Años de la Batalla de Moscú: El día que Hitler casi gana la guerra. Parte 1