Félix Calderón Urtecho
La otra
Historia: El Tratado de 1929
Las interioridades de cómo se gestó la negociación
peruano-chilena realizada en Lima entre el 12 de octubre de 1928 y el 29 de mayo de 1929, y concluida con el Tratado de 1929, reproducidos después de seis décadas, nos acerca a sus protagonistas, entre ellos el presidente del Perú en ese periodo, don Augusto B. Leguía, el embajador peruano César Elguera, el embajador Chileno Emiliano Larraín, los comisionados norteamericanos, generales americanos Pershing, Lassiter y Morrow, de impecable actuación en la etapa plebiscitaria. Así también los ominosos funcionarios de la ocupación, como Máximo R. Lira, intendente de Tacna, y sus procedimientos terroristas de chilenización de las provincias cautivas, Tacna y Arica.
Se recogen aquí los testimonios directos de los principales actores. En el caso de Leguía, cartas personales, memorandos, informes, memorias y otros documentos procedentes de la archivo y biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. El autor ha recurrido también a la información oficial publicada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, y otras fuentes igualmente valiosas y de primera mano, las cuales le han permitido reconstruir por primera vez –desde el punto de vista peruano- ese importante capítulo de la
historia diplomática del Perú.
El Perú había entrado al siglo XX sin haber concretado ningún arreglo definitivo de
fronteras y en precarias condiciones económicas, literalmente, escapando de la bancarrota. Cuando Leguía ascendió al poder el año 1908, se encontró con un país sin fronteras y con litigios fronterizos con cinco países diferentes. En este sombrío escenario destaca la figura del estadista visionario que supo sumir esta responsabilidad ante la historia. En 1909 resolvió en forma definitiva los diferendos territoriales con Brasil y Bolivia. Y, más adelante, durante su gobierno del oncenio, hizo lo propio con Colombia y Ecuador.
Refiere que, en el c aso de Chile, Leguía, conciente de la esterilidad y frustración del trato directo, propició a partir de 1920, un nuevo enfoque basado en la intervención de los Estados Unidos por la vía del arbitraje. Sin embargo, luego del fracaso del plebiscito para Tacan y Arica, declarado impracticable por culpa de Chile, se inició la negociación directa, la cual concluyó con la suscripción del Tratado de 1929, en el que admite que el Perú no fue el gran ganador, puesto que perdió Arica. Pero tampoco fue el gran perdedor ya que recuperó Tacna luego de casi 50 años de ocupación chilena.
El autor analiza y reflexiona sobre el Tratado de 1929 que puso fin a la controversia territorial peruano-chilena. Reivindica la figura de Leguía, artífice del exitoso proceso de saneamiento de nuestras fronteras con Brasil, Bolivia, Colombia y Chile, recalcando que de no haberse realizado, habría sido imposible la conclusión del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, durante el gobierno del presidente Manuel Prado.