Llegar a Oceanía por
balsa desde las costas del Perú en el Pacífico Sudeste es una empresa colosal. La leyenda dice que un
Inca del Tawntinsuyo peruano lo hizo alrededor del año 1489. En 1947 Thor Heyerdahl replicó la travesía en su balsa Kon Tiki. El inca Túpac Yupanqui aparece como un conquistador buscando expansión para su imperio allende los mares; según los registros orales, partió al frente de una flota de 400 embarcaciones en un viaje marítimo que lo habría llevado hasta la Polinesia.
Del Busto explora las dos posibilidades del itinerario de la flota incaica que, según la tradición, halló las
islas de Poniente, Auachumbi y Ninachumbi. La primera opción que revisa es la de la tesis de que habría
navegado por el Océano Pacífico, dentro del ámbito de América, a las Islas Galápagos. En este caso, sería probable que la Isabela, la mayor del archipiélago de las Galápagos haya sido Ninachumbi, visitada en primer lugar. Al no encontrar en las Galápagos -islas de aspecto rocoso, seco y volcánico- nada preciado ni curioso como digno trofeo que mostrar a su retorno, habría centrado sus esperanzas en Auachumbi, la otra isla que, en este caso habría sido Terarequí, la mayor de las islas de las Perlas en la bahía de Panamá.
Examina luego la segunda posibilidad: la travesía a Oceanía, cuyo derrotero habría sido muy largo. Siguiendo la Corriente Ecuatorial Sur, habría navegado al oeste, hacia la Polinesia. Llega a la conclusión de que la Isla de Pascua podría ser Ninachumbi; también que Túpac Yupanqui habría llegado primero a Mangareva –Auachumbi- y que habría avistado Pascua después. En el epílogo, después de considerar las dos hipótesis, la americana y la de Oceanía, manifiesta que se inclina por la última, señalándola como la más plausible, más real y más evidente. Expone veinte motivos que la fundamentan, entre ellas, las leyendas polinésicas sobre el rey Tupa y su armadilla de balsas a vela en la isla Tangareva, procedentes de un país situado donde nacía el Sol; y la leyenda de Uho, que habla de una doncella isleña y del príncipe Mahauna Te Ra’a, cuyo nombre se traduce “Hijo del Sol”.
En el capítulo primero aparece un interesante estudio sobre las balsas prehispánicas, sus características y posibilidades marineras.
El libro apareció el año 2000 y tiene 159 páginas. Incluye las citas en notas al pie de página.