Thor Heyerdahl, el vikingo, el año 1947, emprendió una temeraria empresa a bordo de su balsa Kon Tiki para cruzar el colosal
y solitario Océano Pacífico. Partió del puerto del Callao, Perú, el 28 de abril y, dejándose llevar por la Corriente Ecuatorial del Sur, arribó por fin a las Islas Marquesas; el 7 de agosto embarrancó en el arrecife de Raroia. Con una tripulación de 6 hombres, había recorrido 8 000 Km en más de tres meses de travesía. Con su viaje probó que los antiguos peruanos pudieron llegar a la Polinesia en una embarcación similar, siguiendo la misma ruta, con lo cual demostraba cómo se había producido el transplante de la yuca, camote (ipomoea batatas), totora (scirpus totora) y calabaza (lagenaria vulgaris). Señalaba que la tradición oral inca registraba el gran viaje marítimo que Túpac Yupanqui Inca, c. 1489, realizó al mando de una flota de 400
embarcaciones similares a la Kon Tiki.
Heyerdahl reconoce la condición de marinos de los aborígenes de la costa peruana: Nos dice que siglos antes de que los vikingos de Noruega comenzaran a navegar por la mar abierta, los navegantes en balsa provenientes del valle de Lambayeque ya habían comenzado a navegar por el Pacífico abierto.
Heyerdahl asevera que al confirmar la posibilidad de ese viaje se demostraba que los antiguos peruanos de la época precolombina poseían embarcaciones aptas para la navegación a mar abierto, y que, a su vez, sus hombres reunían suficientes cualidades marineras. Así lo comprobó Bartolomé Ruiz, el piloto de Pizarro, el año 1527 cuando encontró la balsa tumbesina, que era una de las balsas peruanas que hacían la ruta comercial desde la costa norte del Perú y llegaban hasta Panamá. Eran balsas de 36 toneladas gruesas, fabricadas de unas cañas tan robustas como postes, ligadas con sogas de enequén (similar al cáñamo). Llevaban mástiles y antenas de madera muy fina y velas de algodón. Esas embarcaciones eran tan aptas que Pizarro no tuvo más remedio que utilizarls, pues, en aguas locales, esas balsas grandes de troncos eran superiores a sus propias embarcaciones. De esa manera, utilizaron marineros peruanos para que los transportasen sobre la bahía abierta de Guayaquil o los pusiesen a tierra a través del oleaje en el litoral del Perú. Sobre esas balsas se transportaron los caballos de los conquistadores.
Definitivamente, los españoles prefirieron depender de las balsas de troncos y de los marineros aborígenes hasta familiarizarse con los arrecifes y corrientes, por lo menos hasta haber construido puertos con facilidades para el atraque de las embarcaciones españolas.
Ese tipo de balsas, en tamaño pequeño se siguieron usando para la pesca hasta bien entrado el siglo XIX, y aún ahora se les utiliza esporádicamente en Ecuador, bajando por la costa del Perú, hasta Talara y Piura.
Heyerdahl señala que los españoles encontraron importantes comunidades marítimas establecidas a lo largo de la costa del Perú. Para ellas las balsas eran el principal vehículo para el transporte, comercio y viajes largos. Estas comunidades costeras eran culturas diferentes a las andinas, aunque ambas conformaban una misma nación bajo el dominio del Inca. Ya entonces varias especies de plantas cultivadas, y aún el espécimen del perro peruano habían sido llevados por estos navegantes peruanos hasta la Polinesia en la época precolombina. La capacidad de las embarcaciones utilizadas dependía de las excelentes cualidades de la totora nativa, que las hacía resistentes a los choques con las rocas y apropiadas para correr las olas de los rompientes y llegar salvas a la playa. Heyerdahl describe también otra variedad de embarcaciones, las hechas con piel de lobo marino (león marino), que a manera de bolsas llenas de aire, eran usadas como flotadores; menciona que también las calabazas se utilizaban con los mismos fines.
Los testimonios encontrados en las excavaciones en Túcume, Lambayeque (costa norte del Perú), han permitido a los arqueólogos descubrir el aspecto marítimo de las culturas preincas establecidas a todo lo largo del litoral peruano. Asimismo, en las excavaciones llevadas a cabo en Chan Chan, la antigua capital de la cultura Chimú, se ha encontrado que casi todos los altos relieves en las paredes de la ciudadela tienen un tema marítimo, al extremo de excluir otro tipo de imágenes.
Este trabajo que ahora tenemos en forma de libro, fue presentado por Heyerdahl como una disertación ante los arqueólogos peruanos y extranjeros reunidos en la ciudad de Chiclayo, Perú, en julio del año 1995, con el fin de intercambiar información acerca de las investigaciones y
descubrimientos relacionados con el periodo precolombino en el Perú.
Thor Heyerdahl, biólogo y geógrafo noruego, falleció el año 2002.