La obra de Guerra Vilaboy aborda el análisis de la participación de las masas populares, en concreto los artesanos, en la
llamada revolución de medio siglo. El libro se compone de una introducción y cinco capítulos, desarrollados bajo una perspectiva netamente marxista. Su objetivo es mostrar la revolución de medio siglo como una fase más de la revolución burguesa, abierta con la guerra de emancipación, destinada a implantar el capitalismo.
Desde ésta óptica, el proceso en América Latina es comparable al de la Francia
revolucionaria que se abre en 1789 y que culmina en 1870. Así, esa oleada burguesa que se desata en la independencia tiene su continuación revolucionaria en la fase 49-54 tras unos primeros años de mantenimiento del status quo por parte de fuerzas conservadoras. La inmadurez de las condiciones objetivas de Colombia la condenan en ese proceso de implementación del capitalismo a ocupar un plano relegado a productor de materias primas para las potencias industriales dentro de la incipiente división internacional del trabajo capitalista. Una burguesía débil se muestra incapaz durante este período revolucionario de desmantelar las
relaciones económicas precapitalistas, de corte feudal, heredadas de la colonia que se basaban en el trabajo servil o esclavo, un sistema de propiedad de la tierra vinculado y ajeno al mercado y unas formas de producción feudales, además de unas instituciones destinas a mantener ese orden. Esas instituciones cayeron con la independencia, pero esta primera revolución no definió el proceso a seguir, si reformista o revolucionario, con lo cual dejo la puerta abierta a nuevas confrontaciones.
En una primera fase, los grandes terratenientes señoriales y el alto clero, interesados en mantener ese tipo de relaciones feudales se hicieron con el poder. Pero la ampliación de las relaciones capitalistas había comenzado con el crecimiento de la economía de exportación de materias primas. Aunque el desarrollo capitalista se veía impedido por la escasa vertebración en infraestructuras del país, el aislamiento, la escasa tecnificación y un territorio difícil, dividido en regiones económicas atrasadas y sin vínculos entre ellas, además de una falta de interés por crear un mercado y una industria nacional. Estas particularidades regionales y el desnivel socio-económico impiden mostrar una estructura unificada de clases sociales. A grandes rasgos, en la cúpula encontramos a los terratenientes señoriales, jerarcas de la iglesia y el ejercito, latifundistas y altos funcionarios; en un segundo escalón residen comerciantes, empresarios, artesanos, intelectuales, profesionales; y en el lugar más bajo la gran masa explotada de campesinos, indígenas y esclavos.
El nuevo tipo de relaciones socio-económicas que imponía el capitalismo lesionaba los intereses de grupos vinculados a una estructura de tipo feudal. Por lo que el liberalismo busco el apoyo de las masas populares para respaldar sus reformas. El artesanado, aunque contrario a las políticas de laissez paise, se sintió atraído por las políticas de igualdad legal y cuestión social que abanderan los liberales, junto con el discurso ilustrado y el socialismo utópico, que enarbolan los jóvenes liberales para atraer a las masas.
El artesanado se constituyo a partir del 47 en la Sociedad de Artesanos y Labradores de Bogotá que al año siguiente se convirtió en la Sociedad Democrática donde coincidían liberales con artesanos, cumpliendo así las aspiraciones liberales de vertebrar un movimiento de masas que respaldase sus política de profundización de las reformas encarnadas en la figura de Hilario López. Con esta fusión, los liberales aportaron instrucción y los artesanos su fuerza. Esta alianza fue temporal pues los liberales no cumplieron sus promesas democráticas, sólo con sus intereses de clase, ligados al comercio exterior.
La entrada masiva de productos manufacturados condenó a los artesanos a la pobreza y la ruptura con los liberales por loscuales se sienten defraudados al no aplicar una política de protección arancelaria. Las medidas librecambistas los separan. Tras una fracasada petición de subida de los aranceles comenzaron los enfrentamientos entre gólgotas y artesanos. El artesanado y los militares se unieron por mutuos intereses, ya que las reformas liberales planteaban una drástica reducción del ejército. A la vez, acercaron posturas con los draconianos y su líder Obando.
El gobierno de Obando, elegido por una amplia masa social, no respondió a las demandas sociales por la continuación del librecambismo y los ataques al ejército. En abril de 1854 se instauró la dictadura artesano-militar encarnada en la figura del general Melo. Toda la oposición se unió para derrotar a los artesanos, pero en un primer momento el mando militar de Melo logró victorias que no supo explotar. La clase de transición que encarna el artesanado no supo ni pudo articular un discurso que uniera a todas las clases explotadas por lo que el agro colombiano no se sumo a su propuesta revolucionaria y el militarismo se dividió entre revolución y pretorianismo. Sólo se produjo una revolución urbana, restringida a Bogotá. En diciembre fue destruida por los constitucionalistas.
En síntesis, para Guerra Vilaboy, Colombia avanzó en el siglo XlX hacia su inclusión en el mundo capitalista como productor de materias primas dependiente de los centros industriales, con una política de reformas insuficiente y con una revolución popular abortada por la inmadurez de las condiciones objetivas.