El historiador peruano sintetiza las claves interpretativas más recientes sobre las
culturas precolombinas y describe su proceso histórico desde su origen hasta su conquista por las huestes españolas. Su objetivo es identificar el devenir histórico que dio lugar a las tres
civilizaciones más importantes: los incas, aztecas y mayas. La idea principal es que el
desarrollo de estas civilizaciones fue posible porque supieron utilizar en su provecho instituciones y mecanismos de dominio y producción creados por los diferentes grupos humanos que las precedieron.
El artículo está dividido en seis apartados en los que se describe los marcos espaciales, acontecimientos históricos, estructuras socioeconómicas y auge y decadencia de los diferentes imperios. El trabajo arranca con el análisis de las zonas donde se dieron estas civilizaciones: Mesoamérica y los Andes. La primera civilización que estudia es la Inca, identifica el significado del término Tawantinsuyo, sus límites geográficos, su demografía, cultivos y alimentos. Se remonta a la prehistoria para explicar el desarrollo histórico de su conformación: de los cazadores-recolectores al sedentarismo y la agricultura, de esta al urbanismo, y de ahí, en el llamado Horizonte Temprano, a la aparición de las primeras culturas antecesoras de la inca: chavin, mochica, paracas, tiahuanaco y chimu.
Para el caso azteca la estructura es la misma, identifica el marco territorial, traza el devenir histórico desde la etapa prehistórica y señala las culturas predecesoras: olmecas, chichimecas, mayas, mitla, tajín y teotihuacan.
En el apartado dedicado a los acontecimientos históricos de las civilizaciones, Bonilla narra la historia política de cada una de ellas. La investigación del caso
inca se halla dificultada por la ausencia de fuentes, limitadas a las arqueológicas y las narraciones españolas. El origen de la civilización inca es desconocido por lo cual sólo podemos remitirnos a la leyenda inca de su fundación mítica. El historiador se hace eco de la controversia entre las diferentes interpretaciones sobre el acontecer histórico donde se enfrentan las tesis de Rowe, Zuidema y Bauer, y expone una breve síntesis sobre la esencia del imperio inca, un imperio fundamentalmente militar con la guerra como actividad central de sus gobernantes.
En el caso azteca explica su origen y se describe el desarrollo histórico de las elites de poder aztecas, su potencial demográfico cifrado en 11 millones sólo en el valle central y su dedicación principal basada en la agricultura.
En cuanto a las estructuras socioeconómicas, la clave del domino del imperio Inca fue el sometimiento de un conjunto de pueblos campesinos a sus jefaturas étnicas tradicionales quienes a su vez estuvieron supeditadas al poder y la divinidad imperial. El ayllu fue la unidad social y productiva básica, el poder de la jefatura inca se basaba en la función ejercida y no en la explotación. Los fundamentos de la organización económica eran una economía agrícola de subsistencia y una articulación socioeconómica basada en el control vertical de un máximo de pisos ecológicos. El autor explica las prácticas políticas del dominio inca basadas en la burocracia y el tejido, además de las modificaciones introducidas por su poder: la subordinación estatal y la redistribución de bienes. En cuanto a la organización política, expone la división administrativa del imperio y la estructura jerárquica y piramidal del poder. A la cabeza de la organización social y política estaba el inca, seguido de los linajes reales, la nobleza y burócratas, los kuraka provinciales, el campesinado libre encuadrado en unidades domesticas de cada comunidad y sujeto a tributo, y en el último escalón los siervos, los yana. La religión era de carácter dualista con connotaciones naturalistas, el culto era el eje de la vida cotidiana. La concepción del tiempo era cíclica y apocalíptica.
Para los aztecas la piedra angular de su organización social era la unidad campesina. El poder político se dividía entre el Tlatoani y el consejo, les seguían en el escalafón social la nobleza real, los comerciantes y artesanos. El sistema de explotación del campesino se basaba en el tributo, la estratificación social en la propiedad de la tierra. En el plano religioso la divinidad era dual y se tenía una concepción apocalíptica del mundo, entre las prácticas religiosas destacaban los famosos sacrificios humanos.
En el caso maya destaca la utilización de la escritura, desconocida en las otras civilizaciones. Era un sistema de gobierno teocrático en el que la integración de la elite y el pueblo se realizaba a través de prácticas religiosas y económicas. Bonilla describe el panteón de las divinidades mayas y también las prácticas religiosas de sacrificios. Ahonda en el misterio del alto grado de conocimiento alcanzado por una sociedad tecnológica tan rudimentaria en la que destacan las matemáticas, la escritura, el calendario y la astronomía.
La emergencia de estas civilizaciones se fundamento en la expresión final de un prolongado desarrollo histórico de los grupos humanos anteriores, se apoyaron en tradiciones e instituciones que ya existían previamente. Bonilla recopila las principales tesis sobre las civilizaciones precolombinas y las condesa para mostrar un marco interpretativo general sobre el período. Describe brevemente el desarrollo histórico de las civilizaciones para ofrecer un conocimiento básico de las mismas al lector. Emplea un lenguaje preciso, justo, rico en términos indígenas que permiten una mayor claridad y profundidad en los conceptos. Y sugiere con lucidez que sólo obtendremos un conocimiento historiográfico profundo y valido si rastreamos las culturas anteriores a las grandes Inca, Maya y Azteca de las cuales son herederas y deudoras.
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