PARA UN GOURMET INTELECTUAL. Aunque los tópicos puedan resultar odiosos, en este caso, la película
El festín de Babette responde perfectamente a la categoría de "cine europeo". Y más concretamente,
cine del norte de Europa, al estilo nórdico, un cine lento, intelectual, y a menudo excesivamente metafórico. No en vano el director de la película, Gabriel Axel, es
danés y cuenta
con experiencia en el interpretación teatral. Para los intrépidos que se aventuren con la película, ésta no tiene nada que ver con las comedias hilarantes y esperpénticas del sur de Europa.
El cache de
El festin de Babette no es nada desdeñable y para quien se mueva por el palmarés para ver una película, ganó el oscar de 1988 a la mejor película extranjera, premio especial del jurado en el festival de Cannes del 87 y mejor película extranjera en los BAFTA del 89.
Pero mi recomendación para ver esta película, —dificil de ver, todo hay que decirlo— es para todos aquellos amantes de la buena comida, para quienes disfruten con un buen guiso y para quienes saber apreciar un buen manjar, con un maridaje perfecto entre el vino y la comida. Para todos ellos, les recomiendo esta película puesto que el director consigue transmitirnos a través del cine todas las sensaciones placenteras que emanan de un festín en toda regla. Y en esto, no es de extrañar el paso del director danés de cierto tiempo en tierras parisinas.
No voy a entrar en la temática de
El festin de Babette puesto que aborda diversos temas y discutibles, entre ellos, los dones de las personas y su relación con la felicidad, el servicio a la comunidad, la religión, etc. Y éste no es lugar para filosofar.
Dos últimos avisos, absténgase los amantes exclusivamente de las barbacoas; y que el futuro espectador sepa que, como todo buen festín, éste se hace esperar y requiere siempre de una preparación meticulosa.
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