Conocí a Tim Burton, a través de la desopilante Marcianos al ataque, en donde presentaba al gran público, su particular estilo
de ver la vida. Nada demasiado serio, todo probable, en una tiniebla grata de fantasias y realidades.
Otros trabajos suyos, como El joven manos de tijera, o La leyenda del jinete sin cabeza, continuaron en esta zaga de relatos donde todo es posible, y todo alcanzable. Porque quizás el mejor mensaje de este autor, es la humana posibilidad de alcanzar cualquier meta propuesta.
Ahora bien, el gran pez, es sencillamente emocionante, por su geografía impresionista, por la historia de sus afectos, por narrar en definitiva, algo que cotidianamente pasa, el rechazo y la aceptación de los hijos por sus padres, aun cuando parezca demasiado tarde.
Aqui hay un hombre simple y trabajador, que puebla con sus experiencias inéditas, toda la infancia y la adolescencia, de un hijo, que como tantos otros, descree o minimiza tanta fantasía.
Para él, el padre termina siendo un fabulador, que ha complicado con sus historias todo su desarrollo y
entendimiento, porque lo ha confundido permanentemente, y le ha hecho apostar a cosas que no existían.
Y así llega a una adultez separada de sus padres, a cuya casa regresa solo ante el clamor de su madre, para acompañar los ultimos dias de su progenitor, victima de una enfermedad irreversible.
Ese par de dias al lado de su padre, no mejora la relación, ya que cada uno sigue insistiendo en sus posturas y hasta sofocan las discusiones, solo porque el tiempo que queda no es mucho.
El padre muere finalmente, y entonces se produce el milagro, quizás tardío, de la comprension y el entendimiento. En el funeral del mismo, el hijo vé con asombro, el desfile de cada uno de los personajes, que su padre citaba en las historias, y que el se negaba a aceptar!!!!
Agrega cada uno de esos personajes, algun párrafo identico al que había escuchado tantas veces de su padre. La fantasía se tornaba de
inexorable realidad. Como tan inexorable era la muerte de su padre.
Desde un pesimista punto de vista, la verdad llega tardíamente, pero desde el punto de vista del mensaje, cada uno termina de ver el film, con la lágrimas propias de aquel que todavía está a tiempo.
Y quizás este sea el definitivo envío de Burton...siempre se esta a tiempo...
No se puede pasar por alto, esta oportunidad de reconciliarse con la simpleza de los afectos, y la magia de la cámara. Es cine al 100 X 100.