Todo empieza cuando un hombre, sin medir las desastrosas consecuencias
de su acto, introduce, dentro del marco de un
experimiento científico,
un extraño pez en las aguas del lago Victoria. El lago Victoria, fuente
del Nilo, es el mayor lago tropical del mundo, a menudo considerado por
los científicos como la cuna de la humanidad.
Así, al cabo de unos años, este pez predador devora la mayoría de las especies vivientes en el lago.
Pero la historia, desgraciadamente, no acaba ahí. Como
consecuencia de esta catástrofe ecológica surge una fructífera
industria de pesca y exportación a los países occidentales de ese gran
pez (la percha del Nilo o Lates Niloticus)...
La mayoría de los habitantes de las riberas del lago Victoria
trabajan y viven de esta industria, y, cada día, en el aeropuerto de
Mwanza en Tanzania, los aviones de carga desfilan en busca de la
mercancía.
Hubert Sauper, el realizador, se plantea entonces una pregunta muy
simple: "¿Si estos aviones parten cargados de pescado a Europa,
trajeron alguna carga a su venida?". La primera respuesta de boca de
uno de los principales
industriales es la siguiente:"Vienen vacíos".
Sin embargo, a tenor de algunos testimonios, nos enteramos de que los
aviones no siempre vienen vacíos, sino cargados clandestinamente de
armamento destinado a alimentar los conflictos guerreros de la región.
Los pilotos de los aviones cargo dan testimonio: algunos, molestos,
afirman desconocer el contenido de esas misteriosas cajas. "Material",
susurran... Otros confiesan haber transportados carros de combate,
municiones...
Hubert Sauper nos muestra de modo sutil que estos pilotos, la mayoría
rusos, no son realmente los responsables de este sórdido tráfico, sino
que tan solo quieren alimentar a sus familias, prisioneros de un
círculo vicioso del que tan sólo son víctimas, aunque no las victimas
que más se puedan quejar.
En efecto, pese a que la inmensa región del lago Victoria produce
a diario centenares de toneladas de alimento destinado a la
exportación, no se libra aún así de la hambruna. La sequía y la
miserables cosechas que conlleva provocan el hambre en la región. El
arroz, base de la alimentación, es raro y frecuentemente demasiado caro
para el pueblo llano. Algunas escenas de la película rinden cuenta de
esta situación: niños que pelean violentamente por unos granos de
arroz blanco, que se drogan fundiendo e inhalando residuos plásticos
procedentes de la industria del embalaje del pescado...
La película de Sauper se construye sobre incesantes idas y venidas
entre los actores de esta tragedia: los industriales, los pilotos, las
prostitutas, los obreros, los niños... Se ve, por ejemplo, como, tras
haber extraído los filetes del pescado para enviarlos a Europa, los
restos se revenden a la población en condiciones higiénicas
absolutamente deplorables.
Apenas podemos creerlo, pero todo esto es verdad y, aún así, Hubert
Sauper consigue evitar un maniqueísmo simplista que denunciaría a los
malignos industriales para apiadarse de la suerte que corren los pobres
africanos. La pesadilla de Darwin es un documental indignante que da
cuenta de un círculo vicioso, de una reacción en cadena trágica,
devastadora e incontrolable, provocados por la conjugación de las
fuerzas de la naturaleza y del egoísmo humano.