“Hay entre el teatro y el de la
alquimia una misteriosa identidad de esencia. Pues el teatro, como la alquimia, considerado
en su origen y subterráneamente, se apoya en ciertos fundamentos que son comunes a todas las artes, y que en el dominio espiritual imaginario aspiran a una eficacia análoga a la del proceso que en el dominio físico permite obtener realmente oro. Pero entre el teatro y la
alquimia hay así mismo otra semejanza más elevada y que metafísicamente apunta mucho más lejos. Pues tanto la alquimia como el teatro son artes virtuales, por así decirlo, que no llevan en si mismas ni sus fines ni su realidad.”
Esta otra semejanza (que no quita relevancia ni magnificencia a la anteriormente mencionada) se encuentra en que ambos son Dobles. Tanto el teatro como la alquimia son el Doble espiritual de otra realidad. La simbología, es lo que en este caso resalta Artaud. El teatro, tanto a nivel actor, como a nivel, más general, en la puesta en escena, usa de la simbología para “revelar realidades peligrosas”. Al igual que la alquimia, se sirve de los símbolos para desarrollar sus imbricadas fórmulas y hechizos.
El teatro y la alquimia aspiran, entonces, a la purificación del
espíritu, para llegar al “oro”. El empleo de la filosofía y la magia, así como la curiosidad y el afán creacionista son los medios de ambos.
Fuente:
ARTAUD, Antonin.
1971 El Teatro y su Doble
Bs.As. : Editorial Sudamericana