No resulta nada extraño que un director como John Ford realizara The Grapes of Wrath (Las uvas de la ira, o como
también se le conoce, Viñas de ira, 1940), no tanto por el tema de reivindicación social que propone la obra de Steinbeck, sino más bien porque los personajes, la historia y la atmósfera eran temas intimamente ligados al cine de Ford. Resulta curioso, eso sí, que en esta época de remakes, nadie se atreva a hacer un remake de un tema que no dejará de ser actual. Ya lo decía el soldado de color (Keith David) a un novato y suertudo Charlie Sheen (Chris, en la película Platoon de Oliver Stone, 1986): "El rico siempre ha fastidiado al pobre, siempre lo ha hecho, siempre lo hará". Paradojas del negocio del cine, la academia premió a esta película tan crítica al sistema con varios oscar, negándole el de mejor película, por supuesto, tal y como lo hizo en su momento con la obra de Ford; y es que la industria, conformada por burgueses, al fin y al cabo, a veces necesita tranquilizar sus conciencia reconociendo o fingiendo reconocer que no sólo ellos existen. Sin embargo, difícilmente creamos que entiendan, mas allá de una pose intelectual, a un personaje como Tom Joad (Henry Fonda), quien casi al comienzo del film dice: "Mate a un hombre… no me arrepiento de nada"; no encontraremos tal frase dicha con tal convicción en el cine actual por un convicto, pobre y despojado de sus tierras. Pero la esperanza es lo último que se pierde y la dignidad lo único que no te pueden quitar; esperanzados en un futuro mejor, obligados a abandonar sus tierras, Tom y su familia emprenderán un viaje hacia California, una odisea que les demostrará, por si quedaban dudas, que las cosas nunca cambiarán, a pesar del discurso optimista de la madre (Jane Darwell) al termino de la película (en un final, más bien, Capriano). Magníficamente fotografiado por Greg Toland, en un blanco y negro que refleja perfectamente los años de miseria de una época que a Estados Unidos no le gusta recordar, al menos, no que le recuerden su responsabilidad como Estado. La película, además, tiene mucho de Road Movie, con los personajes atravesando el polvoriento desierto americano en busca de algo que no existe. Con buenos sueldos, tal vez salgamos adelante --dice el
padre de Tom (Rusell Simpson)--. Buenos sueldos, recolectando naranjas --dice otro--. ¿Estará diciendo la
verdad? --replica Tom--. Sí, estaba diciendo la verdad --responde su padre--. La verdad para él, ¿y será nuestra verdad? --pregunta Tom--. Eso no lo sé --contesta su padre--. La realidad y la carencia de moral de una clase explotadora, que siempre está allí para continuar enriqueciéndose a sí misma, los hará reconocer que esos mínimos deseos y aspiraciones legítimas como seres humanos sólo pueden alojarse en el corazón y no tienen espacio en el libro de los hechos.