Hasta hace poco no era un admirador del trabajo de Meryl Streep. Debo admitir que esto se debía a que, para mí,
tenía una carrera irregular y este es un punto fundamental a la hora de evaluar la carrera de un actor; ¿qué me ha hecho cambiar de opinión? El primer factor proviene de parte mía: una segunda o tercera visión de sus films, incluso los que antes me parecían regulares nada más; el segundo proviene de parte de ella, y es que, como otros actores afortunados de su generación, como Pacino por ejemplo, al contrario de Robert De Niro, por decirlo así, le han llegado papeles en esta etapa de su vida, a los que ha sabido sacar todo el provecho hasta convertirse en una
actriz que, en el panorama cinematográfico estadounidense, sólo compite consigo misma. Es esa versatilidad, ductilidad, dejarse ser, que yo no veía antes y que ahora me parece reconocer hasta en sus películas medianas como en Postcards From the Edge (Mike Nichols, 1990), siempre recuerdo esa escena final en la que ella canta: I’m chiken out of this heartbreaken hotel, cuando Nichols deja correr la cámara y filma un off the record dentro de un on the record, la realidad dentro de la ficción, cine dentro del cine; recuérdese que ella interpreta a una actriz que interpreta a una cantante y están filmando una escena musical en un bar, el
director (Gene Hackman, alter ego de Nichols) dice corten y empieza el final del film y la escena que recuerdo: memorable. Como toda actriz versátil, pasa de un registro a otro imperceptiblemente: así, en Brigdes of Madison County es una mujer casada que conoce a un fotógrafo y se enamoran, su esposo está ausente, de viaje exactamente, pero que Eastwood (Director) usa como metáfora de su soledad (la de ella), en un juego sutil de seducción mutua que, en algunos momentos, roza lo erótico (no olvidemos que es una película de Eastwood). Gran actuación de Streep, y de Eastwood también, que tenuemente sugieren y consuman un amor imposible. No pretende esta nota ser una recopilación de todas las películas de Streep, pero no puedo dejar de mencionar Kramer vs Kramer (Robert Benton, 1979), otra película cuyo estilo mesurado, detallista recuerda a Clint. En ella Meryl es lo opuesto a los personajes mencionados, es la antagonista, la mala de la historia (Meryl, en su mejor época está muy atractiva, no bella, pero si muy atractiva); está pálida, es fría, egoísta (su personaje está diseñado para que lo odiemos) y lo logra. En ella, como en todos los grandes actores convergen dos de las tres virtudes que todo actor debería tener, primero: talento, versatilidad, trabajo y sutileza para construir sus personajes; segundo: directores que sepan extraer de estas todo lo que un director dueño y conocedor de su arte puede lograr. El tercero, es la virtud, menospreciada, de escoger cuidadosamente el proyecto en el que se va a involucrar, dos de tres no está mal, no se puede decir lo mismo de muchos de sus colegas.