SIN REPETIR EL MISMO TRUCO. La tercera entrega de los chicos de Ocean se deja ver y además resulta
entretenida. Y todo ello incluso para ser la tercera vez que el director nos propone la misma historia en donde la banda de jugadores/timadores más encantadora y lista vuelve alguna hacer de las suyas.
Pero, quizás, la fórmula para que Oceans Thirteen siga funcionando se encuentra en una escena de la propia película en la que el gánster Andy García, que se convierte en el miembro número 13 de la banda, les propone
repetir el apagón que sufrió él como uno de los engaños a realizar. Pero la respuesta es unánime: Ningún truco o engaño se repite, se inventa siempre otro para conseguir el mismo efecto.
Y eso es precisamente lo que consigue el director Steven
Soderbergh en esta tercera entrega. Nos plantea la misma ilusión, pero con tramas y recursos diferentes. Ya conocemos a los protagonistas, —por cierto, grandes e indiscutibles actores en la piel de personajes, aunque estereotipados, bien definidos—, ya suponemos que habrá giros inesperados en el devenir de la historia, ya nos imaginamos que habrá dificulades que superar, gags,.... pero aún así mantiene la magia y la ilusión en el espectador. Y en mi opinión, lo consigue por no recurrir al efectismo en esta tercera entrega, ni a la exageración, ni tampoco a la espectacularidad innecesaria. Es más, la película sigue el patrón del guión clásico y mantiene el interés en la creatividad del guión. Y todo ello con el mérito ya mencionado de no repetir ningún truco.
Steven Soderbergh lo tendrá dificil en una cuarta entrega de los chicos de Ocean, pero ya sabemos que en cine no hay nada imposible. Y si lo ha hecho bien en tres, ¿por qué no también en una cuarta?