La directora Deepa Mehta conmueve con una historia que durante 1:55 minutos de excelentes imágenes y contundente guión permite
al observador acercarse a la India Colonial de los tiempos de Gandhi. El tema central de la película es la vida que deben llevar las viudas de acuerdo con los libros sagrados hindúes, o como la misma película deja ver, de acuerdo con la lectura que algunos hacen de estos libros. Para contar su historia Deepa Mehta nos muestra la vida de Chuyia quien a sus 8 años queda viuda por lo cual debe separarse de su familia para vivir reclusa en un ashram, allí conoce a otra joven viuda, Kalyani, quien se enamora de un joven rico perteneciente a una familia influyente. Y como si la fuerza de estos personajes no fuese suficientemente abrumadora, existe una tercera viuda que es, a mi parecer, la que con mayor fuerza encarna las vicisitudes morales, éticas y religiosas de estas mujeres obligadas a "morir en vida" con el fin de honrar la memoria de sus esposos; ella conoce las palabras sagradas, ella ha llevado su vida con resignación, es ella quién tiene las mayores dudas acerca de su destino y es ella quién en el momento crucial debe
decidir entre lo que le dicta la religión y lo que le dicta su corazón y su razón. Más allá de la historia puntual de la india, Agua nos lleva a pensar en las continuas tensiones entre la religión, la razón, el
cambio social, la verdad, la mentira y el papel central de la mujer como objeto y sujeto. En una de las escenas de la película el joven enamorado pregunta a Kalyani que de la tradición debería perdurar y que debería ser cambiado y ella le responde que él es quién debe tomar esa decisión fundamental. Es esta una pregunta que constantemente nos hacemos ante el cambio cultural, hasta donde va el respeto por las tradiciones y donde empieza la razón y en últimas quién tiene la suficiencia objetiva y ética para decidir. Un elemento transversal en Agua es precisamente el agua como metáfora dual, constante y eterna y aun mismo tiempo en continuo cambio; nos hace pensar en el hecho de que el río siempre parece el mismo y a la vez es en cada instante otro río.