Un joven busca posada y
empleo y así llega a un extraño edificio donde existe una carnicería. La única
preocupación
de los
residentes es comer, por lo que el joven se convertirá en
una víctima más para satisfacer el hambre de los residentes. Mientras intenta
resolver esto se enamora de la hija de su casero quien también es el carnicero.
Louisson llega a
un edificio de las afueras de la ciudad, donde el
propietario le ofrece
trabajo. Los habitantes del edificio forman una comunidad muy cerrada y no
salen muy a menudo de allí. Entre todos los personajes grotescos que viven
allí, Louisson conoce a la hija del propietario, de la que se enamora.
Debido a la mala situación económica del país, los
inquilinos se han visto obligados a sobrevivir como pueden, y Louisson no
sospecha que el ingrediente principal de la próxima cena va a ser él mismo. Por
si esto no fuera poco, en la película podemos ver una sorprendente colección de
cosas tan delirantes como una guerrilla de vegetarianos subterráneos (entre
ellos Marc Caro), una mujer cometiendo media docena de suicidios simultáneos,
una herramienta para recuperar la ropa interior o un dúo de violonchelo y
sierra. Y lo mejor de todo, la extraña atmósfera que tiene la película,
inquietante, casi claustrofóbica.