EL GUSTO POR EL DETALLE. La vida de los otros , primera película que firma el escritor y director aleman
Florian Henckel von Donnersmarck,
muestra un exquisito gusto por el detalle, que requiere de la constante atención del espectador en un film donde predomina el thriller psicológico sobre la acción. Algo bastante lógico, por cierto, puesto que estamos hablando de una película alemana.
De hecho, en la primera secuencia de la película se sirve ya de pequeños detalles para mostrarnos el perfeccionismo del protagonista, Gerd Wiesler, un alto cargo y eficiente policia de la Stasi, el servicio secreto alemán en el régimen comunista antes de la caída del muro, que analiza minuciosamente las declaraciones de los presos políticos para detectar cuándo dicen la verdad o no, sin el uso de polígrafos, pero sometiéndoles a torturas psicológicas. Y es magistral la escena y el detalle en que el capitán marca con una pequeña cruz en su cuaderno a un alumno suyo, aspirante a polícia, que muestra su
debilidad en público y que pone en duda los métodos empleados por el capitán para obtener información.
En La vida de los otros no hay cabida para la debilidad y el protagonista es su máximo exponente; frío, calculador y sin sentimientos. Sin embargo, con elegancia y de forma progresiva, el director nos va mostrando cómo la inflexibilidad del protagonista va tornándose en humanidad llegando a su culminación en la escena final de la película. Que no contaré, por supuesto.
Pero como una pequeña muestra de esa transformación que va experimentando el capitán, a raíz de espiar la vida de un escritor y de ir viendo las miserias del regimen, destaca una escena en donde el capitán coincide en el ascensor de su casa con un niño pequeño que, inocentemente, le dice al capitán que su padre dice que todos los polícias son malas personas, y cuando éste saca la libreta e impasible le va a preguntar al niño cómo se llama su padre para anotarle en la lista negra... finalmente se queda dubitativo y deja salir al niño sin interrogarle.
La vida de los otros obtuvo el Oscar en 2006 a la mejor película extranjera, lo cual puede ser un aliciente más para verla. Pero yo recomendaría ver esta película como muestra de cómo la debilidad engrandece a la persona, en lugar de empequeñecerla; de cómo se puede contar una historia dramática sin dramatismo, y de cómo una película puede llegar a remover el corazón de las personas. Y es que esta película y la historia que nos cuenta no deja indiferente a quien la ve.