EL HORROR DE LA GUERRA. No es una historia de venganza, aunque ésta palabra se incluya en algunos mensajes promocionales.
El atentado cometido en las Olimpiadas de Munich de 1972, en el que murieron 11 attletas de Israel a manos de radicales
palestinos, es el leit motiv de la película que Steven Spielberg aprovecha para reflejar el horror de la guerra.
La película no juzga si la respuesta israeli a los atentados
terroristas es eticamente correcta, es decir, no se posiciona acerca de si es reprobable o no la decisión adoptada de ejecutar, sin juicio, a 9 de los 11 terroristas implicados. Y de la misma forma, tampoco entra a juzgar si los palestinos tienen la razón o no. Munich no es una película política.
Munich nos muestra la sin razón de la violencia. Nos muestra la espiral de violencia y horror a la que nos conduce la ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. Una espiral que se alimenta y que aumenta exponencialmente en la medida en que los ataques terroristas tienen que ser cada vez más "sonados" y mediáticos para llamar la atención. Una espiral que conduce a lo que el propio Spielberg muestra en el último fotograma: la imagen de las torres gemelas de Nueva York.
En cuanto al estilo de la película, Spielberg es un maestro de la narración audiovisual y quizá, uno de los mayores logros de esta película es el gran esfuerzo que ha hecho a la hora de ambientar y recrear la decada de los 70, (formas de vestir, modelos de los automóviles, estilos de vida, etc.), así como el "espiritu" que caracteriza a las ciudades europeas en las que se desarrolla la acción. Y lo consigue. Pero todo ello para reforzar que 30 años después... nada ha cambiado.