La privación relativa de los bienes provoca la violencia, no conseguir una zapatilla eso provoca violencia y poder cambiar un automóvil viejo por un cero kilómetro, también provoca violencia; consecuentemente las asimetrías sociales desembocan en enfrentamientos entre pudientes y no pudientes. La lucha de clases, el pobre soportando necesidades extremas, hasta el caso de no tener que comer diariamente y el rico mostrando su opulencia. Cada vez es más difícil explicarle a los pobres porque lo son, habiendo abismos de diferencia con sus congeneres ricos. La mendicidad infantil en cualquier parte del mundo, la gran hambruna de África y muchas regiones de Latinoamérica nos debe paralizar el corazón, claro que para eso, se debe tener corazón, es decir hay que ser solidarios y no es otra cosa que ponerse en el lugar de los necesitados, sea en el tiempo que sea, y en el lugar que fuere. Desde tiempos inmemoriales hubieron ricos y pobres, talvez antes se podría justificar un poco, pero ya en los comienzos del siglo XXI, que existan tantas asimetrías no tiene justificación alguna. No obstante no todo es tan oscuro, porque hay infinidad de Organizaciones Sociales y religiosas, que se ocupan de paliar en parte, tanta necesidad de los indigentes, pero también se ha visto actuar a los gobiernos en eso, pero no es suficiente. La falta de recursos financieros en los hogares, ahuyenta la armonía y destruye familias enteras, dejando en consecuencia en la mayoría de los casos a los niños de esas parejas desamparados o en todo caso son criados mal por uno de los padres, porque las familias monoparentales, dictan mucho de ser ideales; no hay como la figura del padre y la madre en un hogar, pero para eso hay que mantenerlo y sin recursos financieros es imposible; eso de contigo pan y cebolla, ha llevado al fracaso a muchas parejas, que hoy deambulan sin rumbo cuál parias por éste mundo.
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