La ley específica católica para las beatificaciones y canonizaciones dice que se requieren dos procesos, uno de virtudes
heroicas y otro por el que se declara
probado que Dios ha obrado un milagro por intercesión del fiel que se pretende beatificar. Una vez beatificado, para proceder a la canonización se debe declarar probado un nuevo milagro por intercesión del beato.
Se considera milagro a estos efectos un hecho que no es explicable por
causas naturales, y que se atribuye a la intercesión de un siervo de Dios. El milagro debe ser físico: "la práctica ininterrumpida de la Iglesia establece la necesidad de un milagro físico, pues no basta un milagro moral", recordó Benedicto XVI en el Mensaje al prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
Para Jesús los milagros no son más que signos de la manifestación del Reino de Dios y forman parte del todo que configura su misión, ¿por qué la Iglesia le concede una importancia que Jesús mismo desdeña?