Los
derechos de los cristianos dentro de la Iglesia no son coincidentes con los derechos
humanos universales.
Es más,
resulta contradictorio que la Iglesia se comprometa con su palabra y su presencia en organismos sociales e institucionales a garantizar la salvaguarda de los
derechos del hombre y, por el contrario, desprecie todavía los derechos de sus hijos que viven y trabajan en la Iglesia y para la Iglesia.
En definitiva, se trata de la forma subrepticia que tiene la Iglesia de controlar al conjunto de sus miembros, -formen parte o no de la jerarquía católica-, y esto nada tiene que ver con los Derechos
Humanos, por eso este tema, incluso hoy en día, sigue siendo intocable.